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viernes, 21 de julio de 2017

Nuevo viaje a la costas triásicas

En septiembre del año pasado, tanto Dani como  yo (así como muchos otros amigos y compañeros) estuvimos en las VII Jornadas Internacionales sobre Paleontología de Dinosaurios y su Entorno, congreso que se celebra cada 2-3 años en la localidad burgalesa de Salas de los Infantes. Paleontólogos nacionales e internacionales se dieron cita en estas jornadas, a las que asistieron incluso expertos renombrados de la talla de Paul Sereno, y allí pudimos presentar varios de nuestros avances en este mundillo de la paleontología. Posteriormente, los organizadores del congreso dieron la oportunidad a los ponentes de publicar los resultados de sus contribuciones en forma de artículo científico en la revista Journal of Iberian Geology. Y así, varios meses después aquí estamos, presentando "The eosauropterygian fossils from the Middle Triassic of Canales de Molina (Guadalajara, Spain)", firmado por un servidor y sus directores, todos miembros del Grupo de Biología de la UNED. 


Lo que tenéis sobre estas líneas es una pequeña muestra de los abundantes restos vertebrales de reptiles marinos que se encontraron en 1980 en las cercanías de Canales de Molina (Guadalajara), en sedimentos del Ladiniense (Triásico Medio). Aunque se conocían estos fósiles desde hace más de 30 años, nunca se habían estudiado en detalle, así que quiero agradecer al Instituto Geológico y Minero de Madrid (lugar donde se encuentran estos restos) la oportunidad que me dieron de trabajar con ellos. A las decenas y decenas de centros vertebrales y arcos neurales (muchos más de los que veis aquí), hay que sumar también dientes, costillas y distintos elementos de las extremidades. 

¿Y quién es el dueño de todo estos huesos? Bueno... eso es ya más complicado de decir. Por desgracia, aunque tenemos muchos fósiles provenientes de Canales de Molina, todos ellos son elementos aislados y en ocasiones rotos, y por sí solos no proporcionan demasiada información. Sabemos, eso sí, que pertenecen a sauropterigios, el grupo de reptiles marinos que incluye a los famosos plesiosaurios. Podemos concretar un poco más y asegurar que, dentro de los sauropterigios, son asignables a miembros de Eosauropterygia (todos aquellos miembros de Sauropterygia que excluyen a los placodontos). Los plesiosaurios no habían aparecido todavía en el Triásico Medio, así que estos huesos tienen que pertenecer a eosauropterigios basales, como los notosaurios, los simosaurios o los paquipleurosaurios. La verdad es que es complicado ir más allá en la asignación taxonómica de estos restos: algunas vértebras y dientes sí son claramente de notosaurios, y un húmero parcial es muy muy parecido al del género Nothosaurus, pero con muchos otros restos... Como no se puede decir más, quedan clasificados en el trabajo como pertenecientes a eosauropterigios indeterminados. Lo más probable, eso sí, es que pertenezcan, tanto por morfología como por tamaño, a notosaurios de talla pequeña o mediana. 

Boceto basado en un cráneo de Nothosaurus winterswijkensis, un notosaurio de tamaño relativamente pequeño.

Pese a no poder determinarse a qué animal pertenecieron los restos, es importante que estos hayan sido descritos y figurados en detalle de cara a futuros trabajos e investigaciones. El trabajo también sirve para poner de manifiesto la importancia del patrimonio paleontológico de esta localidad, así como su posible potencial. De todas formas... atentos a Canales de Molina y Guadalajara en general en el futuro, que nos darán cosas bastante chulas. Palabra.

P.D.- Seguimos dando el coñazo con DinoBusters, así que os dejo a continuación "El Deino Caído", programa número 11 dedicado al extraño (y durante mucho tiempo misterioso) ornitomimosaurio Deinocheirus.


viernes, 7 de octubre de 2016

Dibujines, ronda 2

Hace ya algún tiempo que no subo los dibujillos que hago por aquí. Lo último que visteis fue aquel boceto de Simosaurus y otros reptiles marinos del Triásico, y antes de aquello tenemos que remontarnos a una ronda de ilustraciones de hace más de un año. También es verdad que cada vez tengo menos tiempo para dibujar, y han sido prácticamente todos encargos. Así que...

El primer dibujo es la ilustración con la que se presentó a Morelladon beltrani, un ornitópodo del Cretácico Inferior de Morella (Castellón), estrechamente emparentado con Iguanodon bernissartensis y Mantellisaurus atherfieldelsis. Este nuevo dinosaurio, publicado a finales de 2015,  tiene una serie de rasgos exclusivos, de los cuales sin duda el más llamativo es una pequeña joroba o vela en la espalda (eso sí, no sería tan grande ni tan llamativa como la de Spinosaurus o su pariente Ouranosaurus). La verdad es que en general estoy bastante contento con el resultado obtenido en esta ilustración, tanto a nivel de detalle como a nivel de luces, sombras, colores, entorno, atmósfera... Las horas invertidas en bocetos previos, documentación, y horas y horas de escamas (!!) han merecido la pena. Aún así, y por desgracia, tiene algunos fallitos anatómicos, de los que me di cuenta a posteriori, pero... nadie es perfecto.


Al siguiente dibujo también le dediqué bastante tiempo. Esta ilustración conforma la portada y contraportada de la tesis de un compañero del grupo en el que trabajo, defendida (con excelentes resultados) en febrero de este mismo año. Dicha tesis se centraba en el estudio y revisión de las faunas de saurópodos del Jurásico Superior portugués. Originalmente, la imagen iba a incluir tanto bosque como mar, con varios de los saurópodos encontrados en el Jurásico de Portugal pululando por la composición (diplodócidos, braquiosaurios, camarasaurios, turiasaurios...). Sin embargo, no me era posible compaginar el tiempo que me habría llevado con otras cosas que forman parte de mi trabajo habitual, y hubo que simplificar la escena. Así, nos centramos en un solo paisaje (un atardecer tormentoso frente al océano, pues así lo quería mi compañero) y un solo saurópodo, el macronario portugués Lourinhasaurus alenquerensis (estrechamente emparentado con el famoso Camarasaurus, del Jurásico Superior de Estados Unidos). El resultado es este que veis a continuación. 


El dibujo que viene ahora también se hizo para la presentación en sociedad de un nuevo taxón. En este caso, el animalito publicado era Agaresuchus fontisensis, un cocodrilo alodaposúquido del yacimiento del Cretácico Superior de Lo Hueco (Cuenca), publicado en mayo por varios colegas. Lo curioso es que Agaresuchus no es el primer cocodrilo alodaposúquido de Lo Hueco, pues en noviembre de 2015 ya se publicó el taxón Lohuecosuchus megadontos, del mismo yacimiento. La idea era hacer una ilustración sencilla en blanco y negro (no había tiempo para nada más elaborado), similar a la genial pieza de Javi Godoy para la publicación de Lohuecosuchus, y en la que se viera a los dos cocodrilos en la misma imagen, con Agaresuchus siendo el foco de atención y Lohuecosuchus en segundo plano. Además, una vista desde arriba permitiría apreciar las diferencias notables entre los cráneos de los dos reptiles. Con esta ilustración no quedé tan contento...


... porque además había otras opciones. Cuando estuvimos pensando en el dibujo que iría para la nota de prensa de Agaresuchus, estuvimos barajando varias posibilidades distintas, desde diferentes perspectivas. A mí una que personalmente me gustaba bastante es la que tenéis aquí debajo, donde se les viera la cara y poco más. Sin embargo, los autores del trabajo consideraban que desde un lateral no se apreciaban tanto las diferencias entre los dos géneros, que parecían dos cocodrilos cualquiera y ya está. Tenían razón, claro, y dichas diferencias craneales se notaban mucho más desde una vista cenital, como en el dibujo que finalmente acompañó a la publicación. Sin embargo, yo nunca quedé contento del todo con aquel (entre otras cosas, no conseguí una expresión realista de las caras desde esa perspectiva),y un tiempo después decidí rescatar uno de los bocetos y acabarlo, de nuevo con un estilo similar al de Javi Godoy (o esa era la intención). Así que aquí tenéis de nuevo a Agaresuchus  fontisensis (izquierda) y Lohuecosuchus megadontos (derecha), en toda su gloria en blanco y negro. 


Y para acabar, una recopilación de bocetos que estaban desperdigados por ahí en varios folios, todos juntitos en una misma imagen y coloreados de manera sencilla. Hay un poco de todo: Tyrannosaurus y Velociraptor ultraemplumados, el ovirraptorosaurio Conchoraptor, cráneo y reconstrucción en vida de un ejemplar feote de Turiasaurus, un par de vistas del extrañísimo sauropterigio triásico Atopodentatus, el "raptor" Blue de Jurassic World, y formas genéricas de un saurópodo macronario, un mosasaurio y un pterosaurio azdhárquido. 


¡Espero que os gusten!

miércoles, 4 de mayo de 2016

Un notosaurio soriano

Retomamos Dinosaur Renaissance (¡tres entradas en dos semanas seguidas, increíble!) para hablaros de un nuevo artículo en el que he colaborado junto con investigadores del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED, del Departamento de Geociencias Marinas y O.T. de la Universidad de Vigo, y de la Unidad de Paleontología de la Universidad Autónoma de Madrid. Este trabajo forma parte de mi tesis doctoral así que, por supuesto, trata sobre sauropterigios del Triásico. Se ha publicado en la revista Journal of Iberian Geology y se titula "First Triassic tetrapod (Sauropterygia, Nothosauridae) from Castilla y León: evidence of an unknown taxon for the Spanish record". Si gustáis, os cuento de qué va esta historia. 

Un hambriento Nothosaurus se zampa a un desdichado reptil arcosauromorfo del género Macrocnemus (la imagen pertenece a la Universidad de Zurich y no encuentro al autor del dibujo... ¿un tal Scheffold, si hacemos caso de la firma?).

Tenemos que remontarnos hasta los años 80, cuando una de las firmantes del artículo, Soledad García Gil, de la Universidad de Vigo, realizaba su tesis doctoral "Estudio sedimentológico y paleogeográfico del Triásico en el tercio noroccidental de la Cordillera Ibérica (Provincias de Guadalajara y Soria)". Durante sus trabajos de campo, encontró en las cercanías de la localidad de Fuencaliente de Medinaceli (Soria, Castilla y León), unos restos vertebrales pertenecientes a un tetrápodo del Triásico. Sin embargo, aunque estos elementos fueron pasando por varias manos, permanecieron sin estudiar durante varios años. Finalmente, se me concedió la oportunidad de trabajar con ellos como parte de mis estudios de doctorado.

Algunos de los restos en cuestión: elementos vertebrales de un reptil del Triásico de Fuencaliente de Medinaceli (podéis ver que los pobres no son muy abundantes ni están especialmente bien preservados). 

Los restos se encontraron en facies Muschelkalk, en niveles datados como Ladiniense (es decir, 242 a 235 millones de años, en el Triásico Medio). Las vértebras presentan una serie de caracteres que permiten clasificarlas como pertenecientes a un miembro de Sauropterygia. Tienen, además, una serie de rasgos en común con el notosaurio Nothosaurus giganteus, el cual, según otros autores, presenta vértebras con una combinación exclusiva de caracteres: arcos neurales masivos, espinas neurales bajas, procesos transversos altos y poco prominentes... etc. No nos vamos a poner demasiado técnicos, pero el caso es que la morfología de las vértebras de Fuencaliente de Medinaceli coincide con aquella supuestamente exclusiva de Nothosaurus giganteus. 

Reconstrucción idealizada de las vértebras de Fuencaliente de Medinaceli en vista lateral (izquierda) y en vista dorsal (derecha). Abreviaturas: ns - espina neural; poz - postzigapófisis; prz - prezigapófisis; tp - proceso transverso; zph - zigosfeno.

Sin embargo, somos conscientes de que solo contamos con unos pocos huesos fragmentarios, y que además las vértebras no son los elementos más informativos dentro de los sauropterigios; la mayoría de las clasificaciones entre géneros y especies se basan en caracteres craneales. Además, hay varias especies de Nothosaurus de las cuales no se conocen todavía elementos postcraneales en detalle. Por lo tanto, en el trabajo clasificamos estos restos como Nothosaurus cf. giganteus, es decir, creemos que pertenecen a la especie N. giganteus pero no tenemos suficiente evidencia como para afirmarlo con certeza. Nothosaurus giganteus es una de las mayores especies que existieron de Nothosaurus, alcanzando varios metros de longitud, y sin duda debió de ser uno de los mayores depredadores de su entorno. Sus restos se han encontrado en el Triásico Medio y en el Triásico Superior temprano de Europa central, los Alpes italianos e Israel, pero nunca en la península ibérica. Su presencia en el Triásico Medio ibérico, por lo tanto, sería bastante congruente con su registro espacial y temporal. 

Otros restos vertebrales de Nothosaurus del registro español.

Incluso aunque no estemos seguros de que las vértebras de Fuencaliente de Medinaceli pertenezcan a la especie N. giganteus, nos aportan igualmente importante información. Se conoce registro de otros fósiles de Nothosaurus en la península ibérica (ver imagen superior). Sin embargo, las vértebras recuperadas presentan una morfología bien distinta respecto a las de nuestro notosaurio soriano: sus procesos transversos son cortos y prominentes (justo al contrario que los de Fuencaliente de Medinaceli), y sus espinas neurales son muy altas. Este carácter se utiliza dentro del género Nothosaurus para diferenciar especies: las espinas bajas (como en N. giganteus) se consideran primitivas, mientras que las altas se toman como un rasgo derivado. Así pues, la morfología de las vértebras de Soria indica que pertenecen a una especie de notosaurio distinta a las de las otras de la península (más emparentadas, quizás, con la especie tipo, Nothosaurus mirabilis). Por lo tanto, existen evidencias en el registro fósil de, por lo menos, dos especies de Nothosaurus en el Triásico español. 

Fotografía por Nesihonsu.

Aunque escasos, desarticulados, rotos y erosionados, los restos vertebrales de Fuencaliente de Medinaceli son muy informativos. Para empezar, podrían (y recalco el "podrían", ojo) suponer la primera evidencia de Nothosaurus giganteus en la península ibérica, taxón hasta ahora desconocido en nuestras tierras. En segundo lugar, proporcionan una importante prueba a favor de la presencia de dos especies distintas de Nothosaurus en el registro ibérico. Y, finalmente, constituyen el primer hallazgo de un sauropterigio triásico tanto en Soria como en Castilla y León (comunidad sin registro de tetrápodos de esta época hasta el momento). 

No está mal para un notosaurio soriano, ¿verdad?

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lunes, 16 de noviembre de 2015

Los mares de Teruel

No, no hemos abandonado el blog, aunque lo parezca. Qué lejos quedan aquellos meses de junio y julio, cuando escribimos varias entradas sobre cine y paleoarte; qué lejos aquellas promesas de nuevos posts con reseñas de libros, análisis detallados de Jurassic World (se nos quedaron un par de entradas en el camino) y noticias varias. La vida de doctorando es lo que tiene, que tenemos mucho menos tiempo libre del que nos gustaría para actualizar esto. Y además mucho me temo que esta va a ser la dinámica imperante en el blog: conseguiremos actualizar de vez en cuando, pero le seguirán largos periodos de sequía. De todas formas, intentaremos hacer un esfuerzo, y por mi parte tengo algunas entradas en la recámara: The Good Dinosaur se estrena en breves, y también preparo alguna reseñita, así como una nueva entrega de "Aprende con Primeval". Ojalá estas promesas no caigan en saco roto.

Ya no queda mucho para que se estrene The Good Dinosaur (¿por qué narices le han cambiado el título aquí?). 

De todas formas, no es que no hayamos estado haciendo cosas. Al contrario, no hemos parado. Estuvimos en un par de congresos, la 63ª Edición del Sympsosium of Vertebrate Palaeontology and Comparative Anatomy en Southampton y las XXXI Jornadas de Paleontología de la Sociedad Española de Paleontología en Baeza (Jaén), donde presentamos algunos trabajos; además pasamos un par de semanas excavando en un yacimiento del Triásico de Guadalajara. 

Y precisamente del Triásico trata la entrada de hoy. Hace más o menos un año estuve en Dinópolis estudiando unos restos de vertebrados que habían sido encontrados en los alrededores de la localidad de Manzanera (Teruel) en el 2000. Desde entonces, estos fósiles no habían sido prácticamente estudiados. Teniendo en cuenta que dichos fósiles procedían de sedimentos triásicos y que parecían incluir elementos de sauropterigios, este material encajaba bastante bien en la temática de mi tesis, y conseguimos permiso para poder estudiar estos restos. Ahora, los resultados de este estudio llevado a cabo por investigadores del Grupo de Biología Evolutiva de la Universiad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y la Fundación Dinópolis han salido publicados online (aparecerán maquetados en su versión definitiva en el número de diciembre) en la revista Geobios, bajo el título "A diverse Late Triassic tetrapod fauna from Manzanera (Teruel, Spain)".

Aunque el material de Manzanera es bastante fragmentario (huesos aislados, rotos y mal preservados), nos ha permitido reconocer una diversidad relativamente alta de tetrápodos entre los restos recuperados de los afloramientos turolenses. Tenemos algunos fragmentos de huesos dérmicos (posiblemente craneales) de anfibios temnospóndilos, compatibles quizás con metoposaurios o capitosaurios. Hay también unos pocos elementos vertebrales parciales atribuidos a ictiosaurios, que se encontrarían entre los restos más antiguos de este grupo en la Península Ibérica. Y además se ha encontrado una alta cantidad de osteodermos aislados pertenecientes a placodontos ciamodontoideos, con diferentes morfologías que podrían corresponder a varios taxones como Psephoderma o Psephosauriscus (aunque debido a la gran variabilidad de los osteodermos en los caparazones de los placodontos es arriesgado hacer asignaciones taxonómicas tan precisas a partir de restos tan escasos). 


Pero por encima de estos elementos, destacan varias costillas, centros vertebrales, arcos neurales y una vértebra dorsal casi completa que hemos identificado como pertenecientes a Simosaurus. Este sauropterigio notosauroideo se diferencia de otros notosaurios típicos en una construcción esquelética más robusta, con un cráneo más romo y de rostro corto, con una dentición adaptada a una alimentación relativamente durófaga. Los restos de Simosaurus se han encontrado en niveles del Triásico Medio de Centroeuropa y de Oriente Próximo, y en el Triásico Superior de los Alpes italianos. Esta es, por lo tanto, la primera vez que se describen restos de Simosaurus en la Península Ibérica. Los restos de Manzanera presentan algunas diferencias morfológicas respecto a Simosaurus gaillardoti (la única especie descrita, correspondiente al simosaurio del Triásico Medio), también presentes en los fósiles italianos. Trabajos anteriores datan los afloramientos de Manzanera como Carniense (Triásico Superior). De ser cierta esta datación, los restos de simosaurios de Teruel se encontrarían entre los más modernos para este género, junto con aquellos de Italia. Esto confirmaría que el género Simosaurus sobrevivió más allá del Triásico Medio, quizás como una segunda especie. 

A la izquierda, la vértebra dorsal de simosaurio encontrada en Manzanera; a la derecha, esqueleto de Simosaurus gaillardoti montado en el Staatliches Museum für Naturkunde de Stuttgart.

Los sedimentos en los que se han encontrado los fósiles triásicos de Manzanera corresponden a una unidad costera, congruente con el tipo de hábitats en el que vivían placodontos y otros sauropterigios triásicos. Sin embargo, los temnospóndilos eran en su mayoría habitantes de zonas continentales, mientras que los ictiosaurios ocupaban zonas de mar abierto. La presencia de fósiles de estos dos grupos en los afloramientos de Manzanera indican que sus restos serían alóctonos. Así, podemos empezar a imaginarnos cómo serían los mares que cubrían Teruel durante el Triásico: placodontos y simosaurios vivían en aguas poco profundas cerca de la costa, mientras que los ictiosaurios, adaptados ya a una vida plenamente acuática, vivían mar adentro. Por otra parte, los temnospóndilos nadaban y cazaban a sus anchas en agua dulce, en el interior.

Reconstrucción de los mares del Triásico Superior de Manzanera: Simosaurus en el centro de la imagen, un placodonto ciamodontoideo similar a Psephoderma debajo de él, y al fondo la silueta de un ictiosaurio.

Por último, centrándonos en el mundo de la paleoilustración, me gustaría hablar un poco sobre el dibujillo que hice para acompañar la nota de prensa del artículo que publicamos. La idea era hacer algo sencillito y rápido, que no requiriera mucho tiempo pero sirviera para ilustrar la diversidad  de organismos descrita en el trabajo. En ese aspecto, creo que la composición de la imagen cumple: en un primer plano, cerca del espectador (y de la tierra firme), tenemos al simosaurio, principal protagonista, y al placodonto, que se aparta de su camino levantando una nube de sedimento del lecho marino; al fondo, más lejos de nosotros, en aguas más profundas, se vislumbra la silueta de un ictiosaurio. Meter a un temnospóndilo habría recargado la imagen y no habría tenido mucha lógica, salvo que fuera como un cadáver, así que fuera. 

También estoy contento con el color y tono de la ilustración, y con las luces y sombras. Sin embargo, chocan completamente con la idea original del dibujo de hacer algo con un estilo casi "cartoon". Así, tenemos al final un resultado con el que no estoy nada contento, con luces y sombras más trabajadas, pero manteniendo las siluetas del dibujo, lo que le da un aspecto de inacabado o poco cuidado. Como he dicho, es algo que hice rápido y tampoco había tiempo para mucho más.

En cualquier caso, creo que próximamente podré enseñaros otra ilustración bastante más elaborada y con la que he acabado satisfecho. Permaneced atentos.

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Referencia:  Miguel Chaves, C; Pérez-García, A.; Cobos, A.; Royo-Torres, R.; Ortega, F.; Alcalá, A. In press. A diverse Late Triassic tetrapod fauna from Manzanera (Teruel, Spain). Geobios. DOI: http://dx.doi.org/10.1016/j.geobios.2015.09.002

viernes, 24 de abril de 2015

XIII EJIP... ¡Allí estuvimos!

Como cada primavera desde hace ya 13 años, ha tenido lugar estos días, del 15 al 18 de abril, la decimotercera edición del Encuentro de Jóvenes Investigadores en Paleontología. En esta ocasión, este congreso destinado a establecer lazos entre los jóvenes paleontólogos ha tenido lugar en Cercedilla (Madrid), ¡por lo que no tuvimos que desplazarnos mucho! Tanto el alojamiento como las propias ponencias del congreso han tenido lugar en la residencia Lucas Olazábal, a las afueras del pueblo y en un precioso entorno, rodeada de un espeso y maravilloso bosque. 


¿Y el congreso en sí? Pues ha sido de los EJIPs más variados que recuerdo en temática, la verdad. Es verdad que se ha quedado corto en charlas sobre Mesozoico o reptiles, y que ha habido una gran cantidad de trabajos sobre mamíferos, pero hemos tenido prácticamente de todo: paleobotánica, geología, invertebrados varios, ámbar, paleoilustración, paleontología como herramienta social, paleoantropología... ¡lo dicho, prácticamente de todo! Y nosotros, por supuesto, contribuimos también con nuestro granito de arena: un servidor presentó a primera hora de la mañana del viernes 17 una charla sobre restos de notosaurios del yacimiento de El Atance (podéis ver un resumen aquí), y posteriormente esa misma mañana, Dani habló en nombre de los dos sobre la importancia de la paleoimaginería en la génesis de hipótesis científicas (como parte de una fantástica sesión sobre paleoarte que continuó con Marco Ansón y finalizó con Óscar Sanisidro). 


¿Y por lo demás? Bien, para aquellos que hayan ido, ya sabéis cómo van los EJIPs: comidas, jarana, entregas de premios, mucho frikismo... ¡toda una experiencia! Nosotros ya contamos los días para el del año que viene, que tendrá lugar en Alpuente (Valencia).

¡Allí nos vemos!

miércoles, 14 de enero de 2015

Reseña de "GIGANTES DEL OCÉANO. UNA AVENTURA PREHISTÓRICA"

Ya que un servidor está entrando de lleno en el mundo de los reptiles marinos, voy a aprovechar para hacer una reseña (que hacía mucho que no caía una por aquí) del que fue uno de los regalos de mi último cumpleaños: el documental de 2007 "Gigantes del Océano: Una Aventura Prehistórica" (o "Sea Monsters: A Prehistoric Adventure" para los angloparlantes). ¿Por qué hacer ahora una crítica de un documental que tiene casi 8 años? Pues porque yo no lo había visto y porque me apetece. ¡Ea!


"Sea Monsters" es una película de 40 minutos de duración producida por National Geographic, rodada en 3D y proyectada en cines en el mismo formato en octubre de 2007. Cuenta la historia de una hembra de Dolychorhynchops, un género de plesiosaurio de cuello corto, cráneo alargado y pequeño tamaño, que habitó en lo que hoy es Kansas a finales del Cretácico. Durante la narración seremos testigos de su vida, desde el momento de su nacimiento hasta el fin de sus días, y descubriremos la enorme diversidad de criaturas que existía en el gran mar interior de Norteamérica: mosasaurios, tiburones, elasmosaurios, peces, moluscos, aves, tortugas... Además, la historia de Dolly la Dolychorhynchops y su familia se alterna con varias recreaciones de distintos descubrimientos paleontológicos, que aportan evidencias científicas sobre lo que se está viendo en la trama de la hembra plesiosaurio.


Vamos a empezar las cosas al revés: ¿tiene "Sea Monsters" cosas malas? Pues sí, las tiene. Quizás lo más gordo es que toda la parte "científica" rompe bastante el ritmo de la narración. Es lógico (y debería decir incluso obligatorio) que en un documental de este tipo exista algo que nos aporte información real, que soporte con evidencias todo lo que vemos en la historia. Pero mientras que en otros documentales funciona a la perfección y es uno de sus puntos fuertes (véase "Planet Dinosaur" de la BBC), aquí chirría. No se me ocurre la forma correcta para hacerlo en el caso que nos ocupa, la verdad, pero lo cierto es que te saca totalmente de la historia.

Luego tenemos otros puntos flacos, pero son fallos menores: por ejemplo, a veces da la sensación de que hay saturación de animales. ¿Sabéis esos dibujos que representan ecosistemas enteros y que incluyen a cada uno de los organismos que los componen? Suelen ser imágenes recargadas y poco realistas, pero que sirven a la perfección para ilustrar toda la biodiversidad de un hábitat concreto. A "Sea Monsters" también le ocurre eso, solo que aquí no es necesario: en un documental que cuenta con 40 minutos para mostrar las faunas marinas del Cretácico de Norteamérica, no hace falta que estén saliendo todo el rato un montón de animales de distintas especies. Resulta poco creíble. Pero pese a todo, como he comentado, no me molesta.

Tampoco me molesta lo inexacto de algunos bichos (principalmente los mosasaurios, pero la película es anterior al descubrimiento de algunos fósiles que nos han ayudado a conocer mejor a estos reptiles, y tampoco son cosas gordas), o que en los primeros planos o en escenas fuera del agua el CGI cante cosa mala (hay un plano de un tiranosáurido que es criminal). ¿Por qué?


Porque, en términos generales, "Sea Monsters" me ha gustado, y me ha gustado mucho. Conocía su existencia, pero nunca me había llamado lo suficiente como para buscarlo. Gran error: este documental me ha sorprendido gratamente. Aunque los gráficos por ordenador se noten demasiado en ciertas tomas, lo cierto es que funcionan bastante bien en general. Resultan, a grandes rasgos, naturales y creíbles: los diseños de los animales y sus movimientos funcionan a la perfección. Tenemos, además, escenas y tomas (perdón por la cursilería) realmente hermosas, apabullantes a nivel visual. "Sea Monsters" es una delicia para la vista. Y la banda sonora es otro gran acierto: delicada, sosegada, tranquila e inusualmente elaborada para un producto de este tipo. La suma de todos estos factores hace que nos encontremos ante un documental bonito y relajante, cuidado y que consigue trasladarte hasta los mares del Cretácico de tal manera que parece que podría haber sido rodado hoy en día con animales de verdad.


Es una pena, pero precisamente por eso molesta la alternancia de estas sobrecogedoras imágenes marinas con las historias sobre excavaciones y descubrimientos, y el hecho de no tener una historia demasiado desarrollada. Hace que 40 minutos parezcan pocos y te quedes con ganas de mucho más. En cualquier caso, no puedo más que recomendar encarecidamente que veáis "Sea Monsters" si todavía no lo habéis hecho. No quiero que parezca que en esta crítica pesan más los puntos negativos que los positivos, porque de verdad que no es así en absoluto: para mí, los defectos que pueda tener este documental no empañan en absoluto la grata experiencia que ha supuesto verlo.

Así pues, dadle una oportunidad. En el peor de los casos, aprenderéis algo sobre reptiles marinos. En el mejor (y espero que así sea) viajaréis hasta el Cretácico y acompañaréis a una hembra de plesiosaurio en un viaje fascinante. 


P.S.- Los Reyes Magos se han portado bien y me han provisto de más paleomaterial didáctico, así que nuevas reseñas caerán antes o después.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Estuvimos allí: reuniones de la SEP y SVP

Aunque llevamos un tiempo casi sin publicar tenemos una serie de entradas en la recámara (ya preparadas o casi preparadas) que iremos soltando de aquí a final de año. En parte la ausencia de entradas de este tiempo se debe a que tanto Carlos como yo hemos estado muy ocupados en la temporada de congresos de Otoño 2014.

Ambos hemos presentado los resultados de nuestras investigaciones en dos congresos celebrados recientemente: Las XXX Jornadas de la Sociedad Española de Paleontología en Teruel y el 74th Meeting of the Society of Vertebrate Paleontology en Berlín (Alemania). Ambos congresos fueron muy diferentes, pero en ambos conocimos desde grandes popes a colegas que comienzan como nosotros sus andaduras en la investigación, en ambos se presentaron trabajos de investigación muy interesantes y en ambos se han forjado anécdotas que perdurarán durante mucho tiempo en nuestra memoria. 

Comencemos con la reunión de la SEP: Ambos pudimos asistir a este evento y presentamos nuestros resultados en forma de póster.

  • Dani para este congreso presentó una reinterpretación de los osteodermos de titanosaurio que se encontraron en la Península Ibérica y seguramente también en Europa, provenientes del yacimiento del Cretácico Superior de Armuña (Segovia). Podéis leer más en El Cuaderno de Godzillin.
    • Referencia: Vidal, D.; Ortega, F.; Sanz, J.L. (2014) Osteodermos de titanosaurio del Cretácico Superior de Armuña (Segovia): una reinterpretación a la luz de nuevos hallazgos. In: Royo-Torres, R.; Verdú, F.J.; Alcalá, L. (coord.). XXX Jornadas de Paleontología de la Sociedad Española de Paleontología. ¡Fundamental! 24: 151-154 
  • Carlos, por su parte, presentó un trabajo centrado en unos dientes de pequeño tamaño y de morfología singular encontrados en los sedimentos del yacimiento triásico de El Atancce (Guadalajara). Estos dientes se atribuyeron como pertenecientes a sauropterigios, pues a estos reptiles pertenecen otros restos encontrados en el yacimiento. Podéis leer más en El Cuaderno de Godzillin
    • Referencia: De Miguel Chaves, C.; Pérez-García, A.; Quesada, J.; Ortega, F. (2014) Dientes atribuidos a sauropterigios del Triásico Superior de El Atance (Guadalajara, España). In: Royo-Torres, R.; Verdú, F.J.; Alcalá, L. (coord.). XXX Jornadas de Paleontología de la Sociedad Española de Paleontología. ¡Fundamental! 24: 143-144.
Dani (izquierda) y Carlos (derecha) en la sesión de pósters de las XXX Jornadas de la SEP

Sigamos con el 74th Meeting de la SVP: 
  • Dani para este congreso presentó el artículo publicado este verano en PLoS ONE sobre osteodermos de titanosaurio de Lo Hueco y la reconstrucción hipotética de su armadura (de lo que podéis leer más aquí), así como una hipótesis inédita sobre la orientación anteroposterior de estas placas dérmicas. Podéis leer más en El Cuaderno de Godzillin.
    • Referencia: Vidal, D., Ortega, F., Sanz, J.L. 2014. Armoring the titans: studying the variability on the morphology of laurasian titanosaur osteoderms. Program and Abstracts. 74th Annual Meeting of the Society of Vertebrate Paleontology in Berlin, Germany, 247-248.
  • En el póster que presentó Carlos se trató sobre uno de los restos previamente mencionados: un cráneo de sauropterigio. El estudio preliminar de este fósil del Triásico Superior de Guadalajara ha permitido clasificarlo como una forma cercana al notosaurio simosáurido Simosaurus gaillardoti, y no a este género y especie concretos (como se pensaba previamente). Podéis leer más en El Cuaderno de Godzillin
    • Referencia: De Miguel Chaves, C.; Pérez-García, A.; Ortega, F.; Sánchez-Chillón, B.; Quesada, J.; Sanz, J.L. 2014. Systematic implications of a sauropterygian skull from the Upper Triassic of Guadalajara (Spain). Program and Abstracts, 74th Annual Meeting of the Society of Vertebrate Paleontology in Berlin, Germany, 118.
Algunos integrantes del Grupo de Biología Evolutiva y colaboradores junto con Rafa Royo (Dinópolis), Andrea Arcucci (Universidad Nacional de San Luis) y Jingmai O'Connor (Institute of Vertebrate Paleontology and Paleoanthropology).