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viernes, 21 de julio de 2017

Nuevo viaje a la costas triásicas

En septiembre del año pasado, tanto Dani como  yo (así como muchos otros amigos y compañeros) estuvimos en las VII Jornadas Internacionales sobre Paleontología de Dinosaurios y su Entorno, congreso que se celebra cada 2-3 años en la localidad burgalesa de Salas de los Infantes. Paleontólogos nacionales e internacionales se dieron cita en estas jornadas, a las que asistieron incluso expertos renombrados de la talla de Paul Sereno, y allí pudimos presentar varios de nuestros avances en este mundillo de la paleontología. Posteriormente, los organizadores del congreso dieron la oportunidad a los ponentes de publicar los resultados de sus contribuciones en forma de artículo científico en la revista Journal of Iberian Geology. Y así, varios meses después aquí estamos, presentando "The eosauropterygian fossils from the Middle Triassic of Canales de Molina (Guadalajara, Spain)", firmado por un servidor y sus directores, todos miembros del Grupo de Biología de la UNED. 


Lo que tenéis sobre estas líneas es una pequeña muestra de los abundantes restos vertebrales de reptiles marinos que se encontraron en 1980 en las cercanías de Canales de Molina (Guadalajara), en sedimentos del Ladiniense (Triásico Medio). Aunque se conocían estos fósiles desde hace más de 30 años, nunca se habían estudiado en detalle, así que quiero agradecer al Instituto Geológico y Minero de Madrid (lugar donde se encuentran estos restos) la oportunidad que me dieron de trabajar con ellos. A las decenas y decenas de centros vertebrales y arcos neurales (muchos más de los que veis aquí), hay que sumar también dientes, costillas y distintos elementos de las extremidades. 

¿Y quién es el dueño de todo estos huesos? Bueno... eso es ya más complicado de decir. Por desgracia, aunque tenemos muchos fósiles provenientes de Canales de Molina, todos ellos son elementos aislados y en ocasiones rotos, y por sí solos no proporcionan demasiada información. Sabemos, eso sí, que pertenecen a sauropterigios, el grupo de reptiles marinos que incluye a los famosos plesiosaurios. Podemos concretar un poco más y asegurar que, dentro de los sauropterigios, son asignables a miembros de Eosauropterygia (todos aquellos miembros de Sauropterygia que excluyen a los placodontos). Los plesiosaurios no habían aparecido todavía en el Triásico Medio, así que estos huesos tienen que pertenecer a eosauropterigios basales, como los notosaurios, los simosaurios o los paquipleurosaurios. La verdad es que es complicado ir más allá en la asignación taxonómica de estos restos: algunas vértebras y dientes sí son claramente de notosaurios, y un húmero parcial es muy muy parecido al del género Nothosaurus, pero con muchos otros restos... Como no se puede decir más, quedan clasificados en el trabajo como pertenecientes a eosauropterigios indeterminados. Lo más probable, eso sí, es que pertenezcan, tanto por morfología como por tamaño, a notosaurios de talla pequeña o mediana. 

Boceto basado en un cráneo de Nothosaurus winterswijkensis, un notosaurio de tamaño relativamente pequeño.

Pese a no poder determinarse a qué animal pertenecieron los restos, es importante que estos hayan sido descritos y figurados en detalle de cara a futuros trabajos e investigaciones. El trabajo también sirve para poner de manifiesto la importancia del patrimonio paleontológico de esta localidad, así como su posible potencial. De todas formas... atentos a Canales de Molina y Guadalajara en general en el futuro, que nos darán cosas bastante chulas. Palabra.

P.D.- Seguimos dando el coñazo con DinoBusters, así que os dejo a continuación "El Deino Caído", programa número 11 dedicado al extraño (y durante mucho tiempo misterioso) ornitomimosaurio Deinocheirus.


martes, 23 de mayo de 2017

Reseña: Recreating an Age of Reptiles

Hacía ya unos cuantos meses que tenía en mi poder "Recreating an Age of Reptiles", del paleontólogo y paleoilustrador Mark Witton, pero no había tenido tiempo de ponerme en serio con él. Afortunadamente, he conseguido reservarle un hueco y leerlo con detenimiento. ¿Queréis saber qué vais a encontrar y qué podéis esperar de él? ¡Acompañadnos!


"Recreating an Age of Reptiles" es un libro sobre paleoilustración publicado en 2016, y escrito e ilustrado por Mark P. Witton. Witton es graduado y doctor por la Universidad de Porsmouth, a la que sigue vinculado. Es uno de los paleoartistas más reconocidos y productivos de la actualidad, además de un experto en pterosaurios. La conjunción de estas dos vertientes le llevó a publicar en 2013 "Pterosaurs: Natural History, Evolution, Anatomy", un extenso y detallado libro sobre pterosaurios, y una obra clave en el conocimiento y estudio de estos animales (Witton también ilustró él mismo este libro, claro). Witton ha organizado varias exposiciones, colaborado en libros, ilustrado varios artículos científicos y participado como asesor científico de, entre otras cosas, la película de 2013 "Caminando con Dinosaurios". No es mal currículum, ¿verdad?


Pero me estoy yendo por las ramas. Aquí habíamos venido a hablar de "Recreating an Age of Reptiles", así que vamos al lío. Este libro, de lectura rápida, es una recopilación de ilustraciones sobre criaturas del Mesozoico hechas por Witton en los últimos años, más algunas piezas nuevas creadas para dicho libro. Si seguís a Witton en redes sociales es muy probable que hayáis visto ya todos o casi todos estos dibujos, pero nunca está mal verlos en un volumen a todo color y algunos de ellos hasta a doble página. Realmente merece la pena verlo fuera de la pantalla de un ordenador. 

Uno de las muchas ilustraciones del libro de Witton: una manada de Machairoceratops cronusi se pega un buen baño en un lago. 

Más allá del enorme despliegue de paleoarte que hace Witton en su libro, lo interesante es que cada una de las piezas mostradas en él va acompañado de un buen párrafo explicativo. Así, Mark Witton nos cuenta qué le llevó a hacer esa ilustración, por qué los animales están representados de esa o aquella forma o con tal o cual actitud, qué hay de ciencia detrás de ella, qué es especulación pura y dura... etc. De esta manera, tenemos una completísima información de mano del propio artista sobre por qué esa pintura es así. Y a mí, personalmente, eso me encanta.

Un espinosáurido, según las nuevas reconstrucciones para estos animales, paseando al atardecer. 

Las ilustraciones, y por tanto el libro, están divididas en varios bloques: terópodos, animales marinos, saurópodos, animales que cavaban túneles o madrigueras (un poco cajón de sastre), pterosaurios, mamíferos y formas afines, Dimorphodon (es decir, más pterosaurios), animales dulceacuícolas, dinosaurios de Reino Unido (recordemos que Witton es inglés), ceratopsios, animales del Triásico, Tyrannosaurus rex y azhdárquidos (sí, de nuevo más pterosaurios). Hay que añadirle, claro, los típicos capítulos de introducción y "Sobre el autor" al principio, y un más que recomendable último capítulo al final del libro sobre la caducidad del paleoarte producido. Aquí Witton nos deja una serie de interesantes reflexiones sobre la importancia de esta disciplina como manera de registrar el pensamiento científico de los días que vivimos: en el futuro el paleoarte producido ahora no será válido desde un punto de vista científico, pero tendrá un importante valor histórico.

Un poco de especulación: una hembra de Tyrannosaurus decide adoptar a un pequeño Triceratops. Comportamientos así se ven a veces en animales en la actualidad. A otros tiranosaurios, obviamente, no les parece bien.

Además, "Recreating an Age of Reptiles" cuenta con un valor añadido más: permite apreciar la evolución de Witton como artista.  Aunque, como ya he comentado, la mayoría de las ilustraciones del libro son piezas preexistentes, muchas de ellas han pasado por un proceso de chapa y pintura en el último par de años de cara a la publicación de este volumen. Aún así, Witton ha mantenido intactos algunos dibujos en este tomo, gracias a lo cual podemos darnos cuenta de lo mucho que ha mejorado este paleoilustrador. Siempre alejado del fotorealismo y fiel a su propio estilo, Witton lo ha mejorado y lo ha vuelto más elaborado y cuidado, llegando a conseguir algunas pinturas con una luz y una atmósfera alucinantes. Personalmente, es uno de los paleoilustradores actuales que sigo con más interés y que más me gusta gracias al tono resultón de sus trabajos.

Como bien muestra esta ilustración, Tupandactylus era un pterosaurio que sufría ataques de melancolía recurrentes. 

Solo me queda recomendar encarecidamente este libro: 110 páginas de ilustraciones chulas de dinosaurios y otras criaturas del Mesozoico, explicaciones de cada una de ellas en inglés (nada especialmente complicado, por cierto), un poco de humor y algunas interesantes reflexiones. Mi única pega es el formato del libro: la tapa blanda, el tipo de papel y el tamaño de algunos de los dibujos no permiten apreciarlos como realmente se merecen.

Un par de coquetos Longisquama haciendo cosas de Longisquama

En relación con lo último que he comentado, afortunadamente hemos sabido hace poco que está en camino "Dinosaur Art 2", continuación de aquel maravillo libro de 2012 de igual título. No sabemos mucho todavía sobre él más allá de que se sale a la venta en octubre y que contará con las ilustraciones de, entre otros, de Andrey Atuchin (por lo que vemos en la portada), Emily Willoughby y el artista que nos ocupa, Mark Witton. Será una oportunidad estupenda para ver su arte en todo su esplendor.


Y si os gustan las ilustraciones de Witton, recordad que podéis seguirle en Twitter, en su blog y web personal y, si os mola de verdad y queréis apoyarle económicamente, en su cuenta de Patreon. Lo que no entiendo es por qué no habéis comprado todavía "Recreating an Age of Reptiles". ¿A qué esperáis? ¡Venga! ¡Hop, hop!

viernes, 7 de octubre de 2016

Dibujines, ronda 2

Hace ya algún tiempo que no subo los dibujillos que hago por aquí. Lo último que visteis fue aquel boceto de Simosaurus y otros reptiles marinos del Triásico, y antes de aquello tenemos que remontarnos a una ronda de ilustraciones de hace más de un año. También es verdad que cada vez tengo menos tiempo para dibujar, y han sido prácticamente todos encargos. Así que...

El primer dibujo es la ilustración con la que se presentó a Morelladon beltrani, un ornitópodo del Cretácico Inferior de Morella (Castellón), estrechamente emparentado con Iguanodon bernissartensis y Mantellisaurus atherfieldelsis. Este nuevo dinosaurio, publicado a finales de 2015,  tiene una serie de rasgos exclusivos, de los cuales sin duda el más llamativo es una pequeña joroba o vela en la espalda (eso sí, no sería tan grande ni tan llamativa como la de Spinosaurus o su pariente Ouranosaurus). La verdad es que en general estoy bastante contento con el resultado obtenido en esta ilustración, tanto a nivel de detalle como a nivel de luces, sombras, colores, entorno, atmósfera... Las horas invertidas en bocetos previos, documentación, y horas y horas de escamas (!!) han merecido la pena. Aún así, y por desgracia, tiene algunos fallitos anatómicos, de los que me di cuenta a posteriori, pero... nadie es perfecto.


Al siguiente dibujo también le dediqué bastante tiempo. Esta ilustración conforma la portada y contraportada de la tesis de un compañero del grupo en el que trabajo, defendida (con excelentes resultados) en febrero de este mismo año. Dicha tesis se centraba en el estudio y revisión de las faunas de saurópodos del Jurásico Superior portugués. Originalmente, la imagen iba a incluir tanto bosque como mar, con varios de los saurópodos encontrados en el Jurásico de Portugal pululando por la composición (diplodócidos, braquiosaurios, camarasaurios, turiasaurios...). Sin embargo, no me era posible compaginar el tiempo que me habría llevado con otras cosas que forman parte de mi trabajo habitual, y hubo que simplificar la escena. Así, nos centramos en un solo paisaje (un atardecer tormentoso frente al océano, pues así lo quería mi compañero) y un solo saurópodo, el macronario portugués Lourinhasaurus alenquerensis (estrechamente emparentado con el famoso Camarasaurus, del Jurásico Superior de Estados Unidos). El resultado es este que veis a continuación. 


El dibujo que viene ahora también se hizo para la presentación en sociedad de un nuevo taxón. En este caso, el animalito publicado era Agaresuchus fontisensis, un cocodrilo alodaposúquido del yacimiento del Cretácico Superior de Lo Hueco (Cuenca), publicado en mayo por varios colegas. Lo curioso es que Agaresuchus no es el primer cocodrilo alodaposúquido de Lo Hueco, pues en noviembre de 2015 ya se publicó el taxón Lohuecosuchus megadontos, del mismo yacimiento. La idea era hacer una ilustración sencilla en blanco y negro (no había tiempo para nada más elaborado), similar a la genial pieza de Javi Godoy para la publicación de Lohuecosuchus, y en la que se viera a los dos cocodrilos en la misma imagen, con Agaresuchus siendo el foco de atención y Lohuecosuchus en segundo plano. Además, una vista desde arriba permitiría apreciar las diferencias notables entre los cráneos de los dos reptiles. Con esta ilustración no quedé tan contento...


... porque además había otras opciones. Cuando estuvimos pensando en el dibujo que iría para la nota de prensa de Agaresuchus, estuvimos barajando varias posibilidades distintas, desde diferentes perspectivas. A mí una que personalmente me gustaba bastante es la que tenéis aquí debajo, donde se les viera la cara y poco más. Sin embargo, los autores del trabajo consideraban que desde un lateral no se apreciaban tanto las diferencias entre los dos géneros, que parecían dos cocodrilos cualquiera y ya está. Tenían razón, claro, y dichas diferencias craneales se notaban mucho más desde una vista cenital, como en el dibujo que finalmente acompañó a la publicación. Sin embargo, yo nunca quedé contento del todo con aquel (entre otras cosas, no conseguí una expresión realista de las caras desde esa perspectiva),y un tiempo después decidí rescatar uno de los bocetos y acabarlo, de nuevo con un estilo similar al de Javi Godoy (o esa era la intención). Así que aquí tenéis de nuevo a Agaresuchus  fontisensis (izquierda) y Lohuecosuchus megadontos (derecha), en toda su gloria en blanco y negro. 


Y para acabar, una recopilación de bocetos que estaban desperdigados por ahí en varios folios, todos juntitos en una misma imagen y coloreados de manera sencilla. Hay un poco de todo: Tyrannosaurus y Velociraptor ultraemplumados, el ovirraptorosaurio Conchoraptor, cráneo y reconstrucción en vida de un ejemplar feote de Turiasaurus, un par de vistas del extrañísimo sauropterigio triásico Atopodentatus, el "raptor" Blue de Jurassic World, y formas genéricas de un saurópodo macronario, un mosasaurio y un pterosaurio azdhárquido. 


¡Espero que os gusten!

miércoles, 27 de abril de 2016

Dinosaurios con plumas: cuando se olvida la ciencia y aparece la moda

Hemos hablado mucho de las plumas, su origen y los linajes de dinosaurios en los que aparecen. La realidad es indudable: el único linaje vivo de dinosaurios son las aves, y en formas no avianas existen evidencias de la presencia de plumas o estructuras homólogas (esto es, que no solo tienen un mismo origen embriológico y están hechas del mismo material, sino que en algún momento en la evolución del grupo se transforman en las plumas anatómicamente modernas).

Es por ello que no debería resultar extraño ver dinosaurios no avianos emplumados en las reconstrucciones artísticas de estos animales. No obstante, al igual que a estas alturas dibujar un Sinosauropteryx con la piel desnuda y sin patrones bandeados en la cola es ir en contra de la evidencia innegable, dibujar un Carnotaurus emplumado es olvidarnos de que conocemos parches de su piel situados en prácticamente todo el cuerpo, y todas ellas consisten en escamas.

Lo sentimos mucho, pero esta reconstrucción, pese a ser de mucha calidad artística, es tan incorrecta por incongruente con la evidencia como lo son los escamosos"raptores" de Jurassic Park (pese, también, a su calidad artística).

En concreto, la extensa publicación de Bonaparte de 1990 sobre los parches de piel los describe así: "Se hallaron varios fragmentos de impresiones de piel, bajo el lado derecho del esqueleto. Corresponden a distintas partes del cuerpo. Uno corresponde a la región cervical, asociado a costillas cervicales anteriores. Otro fragmento corresponde con el área escapular, cerca de la cavidad glenoidea [N del T. Es decir, por encima del hombro]. Dos fragmentos corresponden a la región torácica, asociados a la región medio-proximal de las costillas [N del T. Es decir, más cerca de la espalda que del vientre]. El mayor fragmento corresponde con el área inferior de la región proximal de la cola. Parece existir poca variabilidad entre los fragmentos. La superficie de la piel está formada por protuberancias bajas y cónicas de entre 4-5 cm de diámetro, con una ligera quilla, y separadas entre ellas entre 8 y 10 cm. La superficie entre estas protuberancias está formada por pequeños y poco desarrollados gránulos de 5 mm". Ni rastro de plumas. Y, si unimos estos puntos entre ellos, la superficie dorsal donde pudieran existir plumas es pequeña.

Sí amigos, esta pequeña entrada es una crítica a las modas. Y sí: emplumar dinosaurios es una moda, igual que reconstruirlos escamosos. Antes de que se me tire todo el mundo a la cabeza, volved arriba y leed los dos primeros párrafos atentamente. Reconstruir plumas en dinosaurios para los que hay evidencia (directa o indirecta por contexto evolutivo/filogenético) no es moda: es incorporar la evidencia disponible a la reconstrucción. No obstante, emplumar organismos para los que existe evidencia aplastante de escamas sí es moda (como lo son también los "velociraptores" de Parque Jurásico).

Arriba, Carnotaurus, con las impresiones de piel halladas situadas en su cuerpo según la descripción de Bonaparte. Abajo, un abelisaurio emplumado por Davide Bonadonna, con las impresiones de Carnotaurus superpuesstas. Conclusión: le sobran plumas.

Veamos Carnotaurus: en la publicación original se habla de parches de impresiones de escamas asociados a los huesos del cuello, hombros, costados y cola del dinosaurio. Reconstruir a este animal con plumas por doquier y sin escamas (como las ilustraciones que acompañan al post) es ir más allá de toda evidencia. Otra cosa es añadir un penacho decorativo en la nuca (display) que pudo haber estado ahí y no haberse preservado. Pero habiéndo preservado escamas en la práctica totalidad del muestreo queda muy claro que Carnotaurus estaba mayoritariamente cubierto de escamas, y cualquier otra representación no es fiel a la realidad. Como dibujar un gato con escamas, o un pez emplumado: pertenecería al ámbito del paleoartismo, no del paleoarte.

Como conclusión yo comentaría que pese a que sabemos que los dinosaurios tenían pumas, y que con muy alta probabilidad todos ellos tenían el potencial genético para desarrollarlas (es decir, que el carácter sería común a todos los dinosaurios) también había dinosaurios sin plumas. O, en todo caso, las plumas habrían cubierto una superficie pequeña de toda su anatomía. Ante la ausencia de evidencia, siempre es mejor usar el contexto filogenético (es decir, los dinosaurios más cercanamente emparentados que sí presentan evidencia) para reconstruir la apariencia de un dinosaurio para el que no se conoce evidencia. Pero cuando se conoce evidencia bien contrastada, añadir plumas "porque los dinosaurios tenían plumas" es un error del mismo tipo que reconstruirlos escamosos "porque los dinosaurios son reptiles y tendrían que tener escamas" cuando existe evidencia de plumas.

viernes, 27 de noviembre de 2015

¡Paleoartistas, reuníos!

¡Atención, atención! ¡Escuchad, paleoartistas del mundo! ¡Se hace saber que muy pronto tendrá lugar un maravilloso evento que hará las delicias de todos los amantes del paleoarte! ¡Con lo más selecto de este mundillo! ¡La flor y nata de esta sociedad! ¡Dulce miel para vuestros labios!


Estamos hablando del I Encuentro de Paleoarte, organizado por los compañeros de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Tal y como nos enteramos ayer mismo, este encuentro que se está preparando tendrá lugar entre los días 9 y 11 de marzo de 2016 en dicha facultad, y pretende reunir a paleoartistas e investigadores para, utilizando sus propias palabras, "fomentar el intercambio de ideas, información y conocimiento".

Los trabajos presentados, en formato póster o charla, deberían estar englobados en las siguientes temáticas: paleoarte en general, reconstrucción de organismos fósiles y ambientes.  metodologías de investigación y producción en paleoarte, exposiciones y museística, historia del arte, y finalmente paleoarte, paleontología y sociedad. La fecha límite de envío de trabajos es el 31 de enero.

Pinta de lo más interesante, desde luego, y nosotros tenemos clarísimo que vamos a ir. Paleontólogos, artistas, investigadores, y aficionados en general: esperamos que todos vosotros os animéis también. Aquí tenéis su página de Facebook, y aquí su blog, donde podréis encontrar la primera circular. 

lunes, 16 de noviembre de 2015

Los mares de Teruel

No, no hemos abandonado el blog, aunque lo parezca. Qué lejos quedan aquellos meses de junio y julio, cuando escribimos varias entradas sobre cine y paleoarte; qué lejos aquellas promesas de nuevos posts con reseñas de libros, análisis detallados de Jurassic World (se nos quedaron un par de entradas en el camino) y noticias varias. La vida de doctorando es lo que tiene, que tenemos mucho menos tiempo libre del que nos gustaría para actualizar esto. Y además mucho me temo que esta va a ser la dinámica imperante en el blog: conseguiremos actualizar de vez en cuando, pero le seguirán largos periodos de sequía. De todas formas, intentaremos hacer un esfuerzo, y por mi parte tengo algunas entradas en la recámara: The Good Dinosaur se estrena en breves, y también preparo alguna reseñita, así como una nueva entrega de "Aprende con Primeval". Ojalá estas promesas no caigan en saco roto.

Ya no queda mucho para que se estrene The Good Dinosaur (¿por qué narices le han cambiado el título aquí?). 

De todas formas, no es que no hayamos estado haciendo cosas. Al contrario, no hemos parado. Estuvimos en un par de congresos, la 63ª Edición del Sympsosium of Vertebrate Palaeontology and Comparative Anatomy en Southampton y las XXXI Jornadas de Paleontología de la Sociedad Española de Paleontología en Baeza (Jaén), donde presentamos algunos trabajos; además pasamos un par de semanas excavando en un yacimiento del Triásico de Guadalajara. 

Y precisamente del Triásico trata la entrada de hoy. Hace más o menos un año estuve en Dinópolis estudiando unos restos de vertebrados que habían sido encontrados en los alrededores de la localidad de Manzanera (Teruel) en el 2000. Desde entonces, estos fósiles no habían sido prácticamente estudiados. Teniendo en cuenta que dichos fósiles procedían de sedimentos triásicos y que parecían incluir elementos de sauropterigios, este material encajaba bastante bien en la temática de mi tesis, y conseguimos permiso para poder estudiar estos restos. Ahora, los resultados de este estudio llevado a cabo por investigadores del Grupo de Biología Evolutiva de la Universiad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y la Fundación Dinópolis han salido publicados online (aparecerán maquetados en su versión definitiva en el número de diciembre) en la revista Geobios, bajo el título "A diverse Late Triassic tetrapod fauna from Manzanera (Teruel, Spain)".

Aunque el material de Manzanera es bastante fragmentario (huesos aislados, rotos y mal preservados), nos ha permitido reconocer una diversidad relativamente alta de tetrápodos entre los restos recuperados de los afloramientos turolenses. Tenemos algunos fragmentos de huesos dérmicos (posiblemente craneales) de anfibios temnospóndilos, compatibles quizás con metoposaurios o capitosaurios. Hay también unos pocos elementos vertebrales parciales atribuidos a ictiosaurios, que se encontrarían entre los restos más antiguos de este grupo en la Península Ibérica. Y además se ha encontrado una alta cantidad de osteodermos aislados pertenecientes a placodontos ciamodontoideos, con diferentes morfologías que podrían corresponder a varios taxones como Psephoderma o Psephosauriscus (aunque debido a la gran variabilidad de los osteodermos en los caparazones de los placodontos es arriesgado hacer asignaciones taxonómicas tan precisas a partir de restos tan escasos). 


Pero por encima de estos elementos, destacan varias costillas, centros vertebrales, arcos neurales y una vértebra dorsal casi completa que hemos identificado como pertenecientes a Simosaurus. Este sauropterigio notosauroideo se diferencia de otros notosaurios típicos en una construcción esquelética más robusta, con un cráneo más romo y de rostro corto, con una dentición adaptada a una alimentación relativamente durófaga. Los restos de Simosaurus se han encontrado en niveles del Triásico Medio de Centroeuropa y de Oriente Próximo, y en el Triásico Superior de los Alpes italianos. Esta es, por lo tanto, la primera vez que se describen restos de Simosaurus en la Península Ibérica. Los restos de Manzanera presentan algunas diferencias morfológicas respecto a Simosaurus gaillardoti (la única especie descrita, correspondiente al simosaurio del Triásico Medio), también presentes en los fósiles italianos. Trabajos anteriores datan los afloramientos de Manzanera como Carniense (Triásico Superior). De ser cierta esta datación, los restos de simosaurios de Teruel se encontrarían entre los más modernos para este género, junto con aquellos de Italia. Esto confirmaría que el género Simosaurus sobrevivió más allá del Triásico Medio, quizás como una segunda especie. 

A la izquierda, la vértebra dorsal de simosaurio encontrada en Manzanera; a la derecha, esqueleto de Simosaurus gaillardoti montado en el Staatliches Museum für Naturkunde de Stuttgart.

Los sedimentos en los que se han encontrado los fósiles triásicos de Manzanera corresponden a una unidad costera, congruente con el tipo de hábitats en el que vivían placodontos y otros sauropterigios triásicos. Sin embargo, los temnospóndilos eran en su mayoría habitantes de zonas continentales, mientras que los ictiosaurios ocupaban zonas de mar abierto. La presencia de fósiles de estos dos grupos en los afloramientos de Manzanera indican que sus restos serían alóctonos. Así, podemos empezar a imaginarnos cómo serían los mares que cubrían Teruel durante el Triásico: placodontos y simosaurios vivían en aguas poco profundas cerca de la costa, mientras que los ictiosaurios, adaptados ya a una vida plenamente acuática, vivían mar adentro. Por otra parte, los temnospóndilos nadaban y cazaban a sus anchas en agua dulce, en el interior.

Reconstrucción de los mares del Triásico Superior de Manzanera: Simosaurus en el centro de la imagen, un placodonto ciamodontoideo similar a Psephoderma debajo de él, y al fondo la silueta de un ictiosaurio.

Por último, centrándonos en el mundo de la paleoilustración, me gustaría hablar un poco sobre el dibujillo que hice para acompañar la nota de prensa del artículo que publicamos. La idea era hacer algo sencillito y rápido, que no requiriera mucho tiempo pero sirviera para ilustrar la diversidad  de organismos descrita en el trabajo. En ese aspecto, creo que la composición de la imagen cumple: en un primer plano, cerca del espectador (y de la tierra firme), tenemos al simosaurio, principal protagonista, y al placodonto, que se aparta de su camino levantando una nube de sedimento del lecho marino; al fondo, más lejos de nosotros, en aguas más profundas, se vislumbra la silueta de un ictiosaurio. Meter a un temnospóndilo habría recargado la imagen y no habría tenido mucha lógica, salvo que fuera como un cadáver, así que fuera. 

También estoy contento con el color y tono de la ilustración, y con las luces y sombras. Sin embargo, chocan completamente con la idea original del dibujo de hacer algo con un estilo casi "cartoon". Así, tenemos al final un resultado con el que no estoy nada contento, con luces y sombras más trabajadas, pero manteniendo las siluetas del dibujo, lo que le da un aspecto de inacabado o poco cuidado. Como he dicho, es algo que hice rápido y tampoco había tiempo para mucho más.

En cualquier caso, creo que próximamente podré enseñaros otra ilustración bastante más elaborada y con la que he acabado satisfecho. Permaneced atentos.

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Referencia:  Miguel Chaves, C; Pérez-García, A.; Cobos, A.; Royo-Torres, R.; Ortega, F.; Alcalá, A. In press. A diverse Late Triassic tetrapod fauna from Manzanera (Teruel, Spain). Geobios. DOI: http://dx.doi.org/10.1016/j.geobios.2015.09.002

viernes, 10 de julio de 2015

Ronda de dibujines

En lo que mi compañero Dani prepara los siguientes posts sobre Jurassic World (tras la entrada sobre los personajes, llegarán otras sobre la historia, la música y los dinosaurios), descansemos un poco de la saga jurásica de moda. Si os parece bien, volvemos por hoy al mundo de la ilustración, y lo hacemos con una ronda de dibujillos que he hecho últimamente. Como ando escaso de tiempo y además soy un poco vago y huevón, la mayoría son bocetos e ideas poco elaboradas y cuidadas, y es posible que haya fallitos de proporciones, anatomía o cosas del estilo. Aún así, espero que las disfrutéis.

Vamos allá, de más antigua a más moderna:


Empezamos con este primer plano de Baryonyx, surgiendo amenazador de la oscuridad (por alguna extraña razón, me imagino una escena nocturna y desapacible, con esta música malrollera de la banda sonora de la serie de televisión "Dexter". Como curiosidad, esta pieza está hecha con el dedo en una aplicación del teléfono móvil.


En este boceto seguimos con los espinosáuridos, aunque además ahora le añadimos a nuestro querido Concavenator. El espinosáurido es, de nuevo, Baryonyx, o al menos algo parecido. Sin embargo, no estoy completamente seguro de que fueran contemporáneos, así que si lo preferís podemos dejarlo como un espinosáurido indeterminado, o como un ejercicio de especulación/fantasía. Aunque el espinosáurido es más grande, por alguna razón lo imagino como un animal relativamente más tranquilo que otros carnívoros (¿quizás debido a su dieta piscívora?). No resulta complicado visualizar, por lo tanto, a este dinosaurio batiéndose en retirada cuando se encuentra con otros más belicosos, como esta pareja de Concavenator (de nuevo, todo esto es fantasía: no hay la más mínima evidencia de comportamiento en unos u otros). En este dibujo me gustaba como quedaba la textura del papel arrugado, así que decidí dejarla como parte de la pieza.


Precisamente ese efecto del mencionado papel arrugado me motivó a intentar integrar un par de bocetillos que tenía por ahí sueltos en una sola pieza, sobre un fondo que simulara un lienzo o una hoja sucia. Así pues, cogí esas cabezas del pterosaurio Geosternbergia y del gorgonópsido Inostrancevia que había hecho a mano, las coloreé con Photoshop y las coloqué sobre el fondo. ¡Y este es el resultado! (he de reconocer que la coloración del gorgonópsido no es especialmente original o arriesgada, aunque la intención original es que la cabeza fuera más negra). 


Llegamos al único dibujo de hoy que está realmente trabajado: esta escena submarina del hupehsuquio Hupehsuchus (valga la redundancia). Aunque los primeros ejemplares se conocen desde los años 50, no ha sido hasta muy recientemente cuando se ha empezado a tener una idea más clara de lo que eran estos bichos. Los hupehsuquios son un grupo de reptiles marinos del Triásico Inferior encontrados exclusivamente en China, y los cuales se cree hoy en día que estaban emparentados con los ictiosaurios. Eran formas no muy grandes, con bocas sin dientes  y con una robusta construcción ósea. Recientemente se ha encontrado un nuevo ejemplar de Hupehsuchus que muestra un estructura de filtración en el interior de la boca, y lo que parece una evidencia de presencia de una bolsa en la garganta. La interpretación de los autores es que estos animales se alimentaban por filtración. Me atrajo mucho la idea de hacer una ilustración de esto, con un hupehsuquio recorriendo el fondo marino, inflando su garganta y levantando todo el sedimento. Un par de piedras contra mi propio tejado: la morfología de las aletas traseras no es así, y además estos organismos tenían unos pequeños osteodermos en la zona dorsal (los cuales contribuían al alto grado de compactación esquelética). Está hecho íntegramente con  Photoshop, por cierto.


¿He dicho que por hoy íbamos a descansar de Jurassic World? Eso no es del todo cierto, me temo. En las semanas previas al estreno se nos notaba el histerismo y las ganas de ver la película, lo que me llevó a multitud de bocetillos guarros y desechados. Uno de ellos, sin embargo, soñaba con un futuro mejor: un futuro en el que los dinosaurios de la saga Jurassic Park estuvieran emplumados (qué profundo me he puesto, leñe xD). Lo que quería conseguir con este dibujo era mostrar que se podían hacer "raptores" emplumados, pero que a la vez fueran lo suficientemente amenazadores y reconocibles como pertenecientes al universo de JP. Fijaos que lo que hay aquí ni siquiera se corresponde con un dromeosaurio real, sino con una versión "más correcta" de los raptores de Parque Jurásico y sus secuelas. Este y este son un par de ejemplos más que muestran que los raptores de JP con plumas podrían ser igual de molones. Hecho a mano, coloreado con el fotochó y con un fondo que es una foto de una selva encontrada por Internet pasada por mil filtros.


Y para acabar, una pieza de ayer mismo. De nuevo, volviendo a los espinosáuridos (al menos en parte), y volviendo también a la opción de un fondo similar a un lienzo para completar bocetillos hechos a mano. En blanco y negro, sin colorear, tenéis al extraño Spinosaurus, todavía más extraño tras el lavado de cara del año pasado. En la imagen a cuerpo completo de este dinosaurio he intentado conseguir una postura bípeda estándar a partir de las extrañas proporciones que se le asignan hoy en día (he de decir que me cuesta muchísimo tragar con la idea del espinosaurio cuadrúpedo). Como curiosidad, el detalle del pie muestra las características falanges ungueales cortas y planas, y juega con la idea de la membrana entre los dedos (no puedo decir precisamente que sea el primero que hace esto). Y en primer plano, pues otro dinosaurio de Las Hoyas: Pelecanimimus polyodon. He intentando que no quedara muy "casuariano", pero lo cierto es que se parece bastante a este pájaro. Es lo esperable cuando utilizas protoplumas oscuras y colores azulados, supongo.

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¡Seguid visitándonos! ¡Pronto tendremos más entradas!

viernes, 24 de abril de 2015

XIII EJIP... ¡Allí estuvimos!

Como cada primavera desde hace ya 13 años, ha tenido lugar estos días, del 15 al 18 de abril, la decimotercera edición del Encuentro de Jóvenes Investigadores en Paleontología. En esta ocasión, este congreso destinado a establecer lazos entre los jóvenes paleontólogos ha tenido lugar en Cercedilla (Madrid), ¡por lo que no tuvimos que desplazarnos mucho! Tanto el alojamiento como las propias ponencias del congreso han tenido lugar en la residencia Lucas Olazábal, a las afueras del pueblo y en un precioso entorno, rodeada de un espeso y maravilloso bosque. 


¿Y el congreso en sí? Pues ha sido de los EJIPs más variados que recuerdo en temática, la verdad. Es verdad que se ha quedado corto en charlas sobre Mesozoico o reptiles, y que ha habido una gran cantidad de trabajos sobre mamíferos, pero hemos tenido prácticamente de todo: paleobotánica, geología, invertebrados varios, ámbar, paleoilustración, paleontología como herramienta social, paleoantropología... ¡lo dicho, prácticamente de todo! Y nosotros, por supuesto, contribuimos también con nuestro granito de arena: un servidor presentó a primera hora de la mañana del viernes 17 una charla sobre restos de notosaurios del yacimiento de El Atance (podéis ver un resumen aquí), y posteriormente esa misma mañana, Dani habló en nombre de los dos sobre la importancia de la paleoimaginería en la génesis de hipótesis científicas (como parte de una fantástica sesión sobre paleoarte que continuó con Marco Ansón y finalizó con Óscar Sanisidro). 


¿Y por lo demás? Bien, para aquellos que hayan ido, ya sabéis cómo van los EJIPs: comidas, jarana, entregas de premios, mucho frikismo... ¡toda una experiencia! Nosotros ya contamos los días para el del año que viene, que tendrá lugar en Alpuente (Valencia).

¡Allí nos vemos!

lunes, 16 de febrero de 2015

Reseña de "The Paleoart of Julius Csotonyi"

Ya lo dijimos: pronto caerían más reseñas. Y como lo prometido es deuda, y en Dinosaur Renaissance somos gente de palabra, hoy os traemos una nueva crítica. ¿Queréis saber qué nos ha parecido "The Paleoart of Julius Csotonyi"? ¡Pues vamos allá!


"The Paleoart of Julius Csotonyi. Dinosaurs, sabre-tooths and beyond" es un libro que salió a la venta en mayo del año pasado (como ya comentamos aquí). Este libro ha sido editado por Titan Books, la misma editorial que ya nos trajo "Dinosaur Art: The World's Greatest Paleoart" en 2012. Precisamente como consecuencia del contacto entre Steve White, editor de este último, con Julius Csotonyi (cuyas obras venían incluidas en el volumen), surgió la idea de hacer un libro recopilatorio con su trabajo. Por si alguno no sabéis todavía de quién hablamos, Csotonyi es un científico y paleoilustrador canadiense de raíces húngaras nacidos en 1973, y uno de los paleoartistas más en forma de los últimos años (podéis leer más aquí sobre él en esta entrada de El Cuaderno de Godzillin).


Como comentaba en la primera entrada que hicimos sobre este libro, no sabía muy bien qué esperar sobre él, ni cómo estaría organizado. ¿Quizás un catálogo de sus ilustraciones en alta calidad? Pues bien, "The Paleoart of Julius Csotonyi" es exactamente eso: un recopilatorio (¡un enorme recopilatorio!) de las obras de este artista. Es decir, es un maravilloso tomo lleno de imágenes a todo color  y a toda página, doble página, ¡e incluso triple o cuádruple página! (recordemos que Csotonyi ha hecho varios grandes murales para distintas exposiciones, y meter eso en una sola hoja es imposible). Cada una de las obras viene con un pequeño pie de figura, en el que se refieren los organismos representados, el año y la técnica utilizada. Algunas de las ilustraciones, además, vienen con un pequeño cuadro de texto escrito por el paleontólogo de turno que describió tal o cual taxón, donde hablan de ese trabajo concreto de Csotonyi.


El libro presenta un pequeño prefacio del Dr. David C. Evans, conservador del Vertebrate Paleontology Royal Ontario Museum, y después un texto del famoso Dr. Robert Bakker, en el que habla de la colaboración con Csotonyi a la hora de ilustrar los descubrimientos hechos en un yacimiento de Dimetrodon en Texas. Este breve capítulo (si es que puede llamarse así) me pareció de lo más interesante: resulta increíble leer la descripción que hace Bakker del yacimiento, la disposición de los distintos niveles y de los distintos restos de organismos allí encontrados, y de toda la información que pudieron extraer de ellos, para a continuación, encontrarte en las dos siguientes páginas una magnífica fotocomposición de Csotonyi que plasma todos los descubrimientos previamente descritos por Bakker.


Después de esta pequeña introducción, viene una entrevista entre White y Csontoyi. En ella se abordan los típicos temas: desde cuándo dibuja y de dónde le viene esa afición, sus influencias, su manera de aproximarse y trabajar con una ilustración... lo habitual. Sin embargo, de estas diez páginas de entrevista también se extrae otra información menos habitual y más curiosa, como el hecho de que Csotonyi está bien concienciado y comprometido con la lucha contra el creacionismo y con cómo la ilustración puede tener una gran importancia a la hora de divulgar ciencia, o, por ejemplo, que tiene también una pequeña colección privada de dibujos sobre biología especulativa (ya sabéis: vida en otros planetas, evolución de la vida en la Tierra en el futuro... ¡Me encantaría que esos dibujos suyos salieran a la luz alguna vez!).

Y tras esta entrevista... llegamos al grueso del libro, que son docenas y docenas de páginas llenas de ilustraciones divididas en tres bloques: Paleozoico, Mesozoico y Cenozoico. Toda una enorme variedad de fotocomposiciones (que me gustan algo menos, he de reconocerlo) y de pinturas digitales (las cuales me gustan más) pasan ante nuestros ojos. Hay, además, un par de trabajos sobre los que Csotonyi se para y te explica todo el proceso creativo que le llevó al resultado final que vemos en el libro. Una de estas ilustraciones "especiales" es la imagen del apatosaurio que os muestramos justo aquí debajo. Es increíble ver la calidad y el nivel de detalle que hay en sus obras (cuando te fijas con detalle, la piel elefantiana del Apatosaurus está cubierta de cientos y cientos de pequeñitas escamas).


Poco más que añadir. Aunque la mayoría de las ilustraciones vienen en la propia web de Csotonyi o pueden encontrarse por internet, la oportunidad de verlas en papel impreso y recrearse durante un buen rato con ellas no tiene precio. Permite apreciar también la evolución en el trabajo de este artistazo, ya que, si bien sus primeros trabajos (en torno a 2007) eran ya muy buenos, lo que hace hoy en día está a un nivel que muy pocos pueden lograr. Os animo encarecidamente a que os hagáis con él.

P.D.- "Pterosaurs", de Mark Witton, anda ya también en mi poder, pero puesto que es todo un tratado sobre pterosaurios, leerlo y hacer una reseña llevará su tiempo.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Las mil caras del nuevo Spinosaurus

No vamos a entrar en el debate sobre Spinosaurus por aquí. Precisamente hemos dejado pasar unos días para alejarnos de todo el ruido mediático para poder abordar el tema con más calma. Aunque tenemos nuestra opinión, no vamos a dejarla caer por el momento: en numerosas webs y blogs, tanto en castellano como en inglés, podéis poneros al día y formaros la vuestra propia. Las hay de todo tipo: a favor, en contra, están los neutros, los que están en contra de estar en contra, matizaciones de los que están en contra, gente a favor de no estar a favor, reinterpretaciones y mil combinaciones más.

Desde luego, el nuevo look de Spinosaurus trae cola; un hallazgo tan relevante siempre tiene tirón. Y cuando encima hay tanta controversia, todavía más si cabe. Y lo que es mejor todavía, trae consigo un montón de coñas y reinterpretaciones por parte de todo el mundo. La entrada de hoy en Dinosaur Renaissance está para eso: hacer un repaso a algunas de las más curiosas recreaciones del nuevo Spinosaurus.

Una de las impresionantes ilustraciones originales de Davide Bonadonna para el artículo recientemente publicado (aquí un artículo sobre la génesis del dibujo).

Sea correcto o no, hay mucha gente escéptica con la supuesta postura cuadrúpeda del "animalico" cuando estaba en tierra firme. Desde luego, cuesta imaginarle caminando, con esas patitas traseras tan pequeñas, y las delanteras apoyadas en el suelo cual gorila. Por si alguno de vosotros está en la inopia y todavía no ha visto la famosa imagen del espinosaurio cuadrúpedo, también obra de Bonadonna, aquí la tenéis. Desde luego, como ya ha comentado mucha gente por ahí, es la viva imagen de un dragón acuático.


Y a partir de aquí, el desvarío. Una versión mucho más rara de la que proponen los autores del artículo y Bonadonna es la sugerida por el siempre polémico Luis Rey (aunque con el paso del tiempo y los numerosos descubrimientos de dinosaurios emplumados, últimamente lo es mucho menos). Rey nos ofrece un espinosaurio cuadrúpedo, sí, pero puesto que se le supone principalmente acuático, opta por un animal mucho más torpe en tierra, con claras reminiscencias de foca.

El espinosaurio pinnípedo de Luis Rey (vale, vale, no se puede decir que el fondo se lo haya currado mucho... pero uno se imagina fácilmente al bicho así, ¿no?)

Pese a lo relativamente cómico que pueda resultar imaginarse a Spinosaurus medio varado en una orilla, la aproximación de Rey es seria. No es ese el caso del siguiente boceto, obra del ilustrador Niroot Puttapitat, en el que se hace leña del árbol caído y directamente se chotea de las nuevas proporciones del que se considera el mayor terópodo descubierto hasta la fecha.


Más o menos a la vez, y de manera similar, en lo que podríamos considerar un claro caso de convergencia (oighs, qué excelso manejo de los conceptos evolutivos poseo), el archiconocido Paleofreak nos deleitó con una imagen bastante parecida en su cuenta de Twitter. Retocando la ilustración original de Bonadonna, y de manera todavía más exagerada que Niroot Puttapitat, hizo que Spinosaurus arrastrara los morros por el suelo.


Pero el Paleofreak tiene una mente inquieta, y decidió que esto no era suficiente. Fuerte defensor de la plumosidad en todos o casi todos los dinosaurios, su espinosaurio vago no iba a ser menos. Pocos minutos después de la primera versión, actualizó y emplumó a la pobre criatura.


Una versión igualmente arrastrada que la del Paleofreak y Puttapitat es esta que nos ofrece Adrian Wimmer, de Alemania. Sin embargo, se toma más en serio la forzada y supuesta postura cuadrúpeda (maldita sea, me parece que, sin quererlo, ya nos estamos mojando con el tema), y consigue que su espinosaurio recuerde bastante a los cocodrilos, aunque también tiene cierto aire al Spinosaurus foca de Rey.


Tenemos dos imágenes más de Wimmer. En la primera de ellas, sigue asumiendo como ciertas las proporciones propuestas por Ibrahim et al. en su artículo, pero da la sensación de que no traga tanto con la posición cuadrúpeda.  En su lugar, opta por mantener la postura bípeda del espinosaurio con las nuevas proporciones, recurriendo básicamente a atrasar el centro de gravedad verticalizando al animal.

(¡Perdón por la marca de agua!)

La tercera y última ilustración de Adrian Wimmer es anterior a la publicación del artículo. ¿Anterior? Sí, porque varias semanas antes del lanzamiento oficial se había filtrado ya cierta información y se tenía una ligera idea de por dónde iban los tiros. Así, Wimmer recreó una hipótesis propuesta en el blog Antediluvian Salad, según la cual el nuevo y paticorto Spinosaurus podría desplazarse arrastrándose sobre el fango y alimentándose allí. Cuanto menos curioso.


El siguiente dibujo también está inspirado en otra interpretación del nuevo descubrimiento. Desde el blog Theropoda, escrito por Andrea Cau, se propone una posición flexionada del cuello de Spinosaurus; esta permitiría, según Cau, mantener una postura bípeda a la vez que se conservan las nuevas proporciones descritas. El artista Joschua Knüppe parte de esta premisa para ilustrar varias versiones de este espinosaurio de cuello doblado, dos de ellas no demasiado ortodoxas, todo sea dicho.


Igual de heterodoxa y original es la propuesta de Sergio Pérez, que nos ofrece un ejercicio de especulación digno de All Yesterdays. Sergio sitúa a Spinosaurus en aguas poco claras, cubiertas de un tapete de vegetación, y el color que le da le viene al pelo para camuflarse en ese entorno. Pero todavía le resulta más útil el conjunto de protoplumas situado a lo largo de toda la vela, lo que le confiere el aspecto de un montón de vegetación más entre los muchos que flotan en el agua. Es la manera perfecta para esconderse y acechar a sus presas.


Precisamente ese modo de vida acuático es lo que más le ha llamado la atención de todo este follón a Aitor I. Eraña, dibujante de cómics y autor de "R.I.P." (volúmenes I y II) y de "Dark Lord", entre otros. Con su característico estilo, Aitor nos muestra a nuestro terópodo de moda pillando por sorpresa a un pterosaurio genérico. Aitor no es paleontólogo y por tanto podríamos ponernos quisquillosos y técnicos con su dibujo, pero no lo vamos a hacer porque lo cierto es que está muy chulo y es de lo más resultón.


Seguimos con dibujos de corte más caricaturesco y os mostramos una ilustración de cómo sería el espinosaurio de Jurassic Park III tras pasar el filtro de los últimos descubrimientos, obra de Richard Andersson, de Suecia. Es curioso el hecho de que, pese a haberle actualizado las proporciones de las extremidades y la forma de la vela, y haberle cambiado el color (más acorde a un modo de vida acuático), sigue dando la sensación de seguir siendo básicamente el mismo monstruo mata-tiranosaurios de JP III. Yo creo que se debe sobre todo al cráneo que le diseñaron en la película (y que Andersson conserva aquí), relativamente alejado del cráneo real de Spinosaurus (o lo que se cree hoy en día que es el cráneo real) y mucho más parecido al de Baryonyx.


Y ya que estamos con Parque Jurásico III... aquí una explicación de cómo se llegó a esa imagen de gigantesco terópodo asesino y despiadado que se ve en la película, cortesía de HodariNundu. Básicamente, el pobre espinosaurio llegó al primer día de rodaje con sus patitas cortas, sus pies de pato y toda su ilusión... y los de Universal se le pusieron farrucos.


Para finalizar, os dejamos con dos dibujos/bocetos más de HodariNundu. En el primero de ellos, se ven dos versiones de Spinosaurus y su nuevo look (con piel y sin piel recubriendo las altas espinas neurales de las vértebras), con interesantes (e inventados, claro) comportamientos de caza y defensa. En el segundo, más un "bonus" que una nueva ilustración de Spinosaurus propiamente dicha, HodariNundu nos presenta a Plataleasaurus, un espinosáurido (esta vez terrestre) completamente inventado, convergente con las espátulas. Un animalico totalmente ficticio, pero para mí es una idea de lo más interesante e incluso algo no descabellado. ¿Quién sabe qué nos depara el futuro de la paleontología?



En definitiva, mil versiones distintas, mil recreaciones distintas... Parece que vamos a tener debate debate sobre Spinosaurus para largo hasta que salgan nuevos datos que confirmen o refuten la última hipótesis propuesta por Ibrahim y los demás autores del artículo, pero de momento, nos está sirviendo para que decenas de artistas nos deleiten con sus trabajos. Hay muchas, muchas más ilustraciones, más ajustadas a la imagen que propone el artículo, pero aquí hemos querido enseñaros aquellas más originales, aquellas que se salían de lo establecido. Esperamos que, pese a la extensión del post, las hayáis disfrutado.