martes, 24 de marzo de 2015

Reseña "Mi querido Brontosaurus"



Retrocedamos juntos un par de años en el tiempo y vayamos hasta 2013, momento en en que se publica en inglés el libro "Mi querido Brontosaurus. Una expedición científica al encuentro de nuestros dinosaurios favoritos" (o "My Beloved Brontosaurus", en su lengua original). El autor del libro es Brian Switek, periodista científico, entusiasta de los dinosaurios de toda la vida y paleontólogo amateur. Escribe un blog para National Geographic, tiene un canal sobre paleontología en Youtube, y además ha sido recientemente contratado para escribir y supervisar el contenido científico en la web oficial de Jurassic World (aunque imagino que no se verá en la película, la web menciona a Switek como guía para los turistas EN EL PARQUE, así que además ahora ha pasado a formar parte del intra-universo de Jurassic Park). Ha escrito numerosos artículos y varios libros, dos de ellos después de "Mi querido Brontosaurus", aunque este que hoy nos ocupa es el que ha tenido más repercusión (durante un tiempo fue fácil encontrarlo en librerías españolas... y eso es mucho decir!). En definitiva: aunque no se haya formado académicamente como paleontólogo, Switek es un dinófilo en toda regla!


Pero... ¿de qué va "Mi querido Brontosaurus"? No es una novela, ni un libro de paleoilustración, ni un tratado paleontológico. Pese al título, y al maravilloso dibujo de la portada y contraportada, no va sobre Apatosaurus; ni siquiera trata sobre saurópodos en general. ¿Entonces? "Mi querido Brontosaurus" es un libro ligero de divulgación, que intenta acercar el mundo de los dinosaurios y de la paleontología al público general. Switek habla sobre excavaciones y museos, sobre su pasión por los dinosaurios desde pequeño, sobre cómo ha cambiado (y sigue cambiando) nuestra percepción sobre estos animales, y reflexiona en varias ocasiones sobre qué es lo que hace a los dinosaurios criaturas tan fascinantes. Todo esto, tomando como emblema al famoso brontosaurio y mostrándonos la evolución de su imagen con el paso de los años.

He de reconocer que a este libro le veo algunos fallitos, aunque igual es cosa mía. Por un lado, da la sensación de que a veces cuesta seguir el hilo, porque va saltando hacia delante y hacia detrás, de un viaje en carretera a una anécdota en un museo al descubrimiento de tal animal en el siglo XIX, y de ahí de nuevo al viaje en carretera... Cuesta un poco centrarse, y casi da la sensación de que no tuviera muy claro a dónde quiere llegar. Por otro lado, en los primeros capítulos, intenta introducir alguna serie de conceptos sobre biología, evolución o morfología intentando evitar a toda costa usar terminología más técnica, con el fin de llegar a gente no iniciada. Sin embargo, da la sensación de que a veces ciertas explicaciones quedan algo confusas. Pero me temo que nosotros no entramos en ese "público general", así no podemos saber si cumple con su cometido o no. Por último, a nivel de imágenes, podría ser un poco más generoso, y no limitarse a pequeñas fotos y dibujos en blanco y negro.

Por otro lado, a partir de la mitad del libro en adelante, "Mi querido Brontosaurus" coge carrerilla y ofrece una serie de capítulos de lo más interesante, centrados en la reproducción, crecimiento, vida social y extinción (entre otros) de los dinosaurios, con un estilo claro y ameno. Toda esta segunda parte es sin duda el punto fuerte, y he de decir que, si bien al principio no terminaba de engancharme, gracias a estos capítulos disfruté bastante.

"Mi querido Brontosaurus" tiene sus más y sus menos, pero sin duda os entretendrá, aprenderéis algunas cosillas más casi seguro y es posible que, al identificaros con los pensamientos y vivencias de Switek (muchas de las cosas que comenta también nosotros las hemos sentido o pensado!), lleguéis a plantearos algunas preguntas sobre los dinosaurios que no os habíais hecho antes. No podemos menos que recomendar su lectura.


P.D.- Prometemos dejar las reseñas durante una temporada.

lunes, 16 de febrero de 2015

Reseña de "The Paleoart of Julius Csotonyi"

Ya lo dijimos: pronto caerían más reseñas. Y como lo prometido es deuda, y en Dinosaur Renaissance somos gente de palabra, hoy os traemos una nueva crítica. ¿Queréis saber qué nos ha parecido "The Paleoart of Julius Csotonyi"? ¡Pues vamos allá!


"The Paleoart of Julius Csotonyi. Dinosaurs, sabre-tooths and beyond" es un libro que salió a la venta en mayo del año pasado (como ya comentamos aquí). Este libro ha sido editado por Titan Books, la misma editorial que ya nos trajo "Dinosaur Art: The World's Greatest Paleoart" en 2012. Precisamente como consecuencia del contacto entre Steve White, editor de este último, con Julius Csotonyi (cuyas obras venían incluidas en el volumen), surgió la idea de hacer un libro recopilatorio con su trabajo. Por si alguno no sabéis todavía de quién hablamos, Csotonyi es un científico y paleoilustrador canadiense de raíces húngaras nacidos en 1973, y uno de los paleoartistas más en forma de los últimos años (podéis leer más aquí sobre él en esta entrada de El Cuaderno de Godzillin).


Como comentaba en la primera entrada que hicimos sobre este libro, no sabía muy bien qué esperar sobre él, ni cómo estaría organizado. ¿Quizás un catálogo de sus ilustraciones en alta calidad? Pues bien, "The Paleoart of Julius Csotonyi" es exactamente eso: un recopilatorio (¡un enorme recopilatorio!) de las obras de este artista. Es decir, es un maravilloso tomo lleno de imágenes a todo color  y a toda página, doble página, ¡e incluso triple o cuádruple página! (recordemos que Csotonyi ha hecho varios grandes murales para distintas exposiciones, y meter eso en una sola hoja es imposible). Cada una de las obras viene con un pequeño pie de figura, en el que se refieren los organismos representados, el año y la técnica utilizada. Algunas de las ilustraciones, además, vienen con un pequeño cuadro de texto escrito por el paleontólogo de turno que describió tal o cual taxón, donde hablan de ese trabajo concreto de Csotonyi.


El libro presenta un pequeño prefacio del Dr. David C. Evans, conservador del Vertebrate Paleontology Royal Ontario Museum, y después un texto del famoso Dr. Robert Bakker, en el que habla de la colaboración con Csotonyi a la hora de ilustrar los descubrimientos hechos en un yacimiento de Dimetrodon en Texas. Este breve capítulo (si es que puede llamarse así) me pareció de lo más interesante: resulta increíble leer la descripción que hace Bakker del yacimiento, la disposición de los distintos niveles y de los distintos restos de organismos allí encontrados, y de toda la información que pudieron extraer de ellos, para a continuación, encontrarte en las dos siguientes páginas una magnífica fotocomposición de Csotonyi que plasma todos los descubrimientos previamente descritos por Bakker.


Después de esta pequeña introducción, viene una entrevista entre White y Csontoyi. En ella se abordan los típicos temas: desde cuándo dibuja y de dónde le viene esa afición, sus influencias, su manera de aproximarse y trabajar con una ilustración... lo habitual. Sin embargo, de estas diez páginas de entrevista también se extrae otra información menos habitual y más curiosa, como el hecho de que Csotonyi está bien concienciado y comprometido con la lucha contra el creacionismo y con cómo la ilustración puede tener una gran importancia a la hora de divulgar ciencia, o, por ejemplo, que tiene también una pequeña colección privada de dibujos sobre biología especulativa (ya sabéis: vida en otros planetas, evolución de la vida en la Tierra en el futuro... ¡Me encantaría que esos dibujos suyos salieran a la luz alguna vez!).

Y tras esta entrevista... llegamos al grueso del libro, que son docenas y docenas de páginas llenas de ilustraciones divididas en tres bloques: Paleozoico, Mesozoico y Cenozoico. Toda una enorme variedad de fotocomposiciones (que me gustan algo menos, he de reconocerlo) y de pinturas digitales (las cuales me gustan más) pasan ante nuestros ojos. Hay, además, un par de trabajos sobre los que Csotonyi se para y te explica todo el proceso creativo que le llevó al resultado final que vemos en el libro. Una de estas ilustraciones "especiales" es la imagen del apatosaurio que os muestramos justo aquí debajo. Es increíble ver la calidad y el nivel de detalle que hay en sus obras (cuando te fijas con detalle, la piel elefantiana del Apatosaurus está cubierta de cientos y cientos de pequeñitas escamas).


Poco más que añadir. Aunque la mayoría de las ilustraciones vienen en la propia web de Csotonyi o pueden encontrarse por internet, la oportunidad de verlas en papel impreso y recrearse durante un buen rato con ellas no tiene precio. Permite apreciar también la evolución en el trabajo de este artistazo, ya que, si bien sus primeros trabajos (en torno a 2007) eran ya muy buenos, lo que hace hoy en día está a un nivel que muy pocos pueden lograr. Os animo encarecidamente a que os hagáis con él.

P.D.- "Pterosaurs", de Mark Witton, anda ya también en mi poder, pero puesto que es todo un tratado sobre pterosaurios, leerlo y hacer una reseña llevará su tiempo.

lunes, 2 de febrero de 2015

Detalles de Concavenator en Jurassic World!

ATENCIÓN: SPOILERS. Este post contiene algunos detalles sobre la trama de Jurassic World, que no se estrenará hasta el 12 de Junio. Si no quieres que se te destripen algunos detalles sobre el diseño de esta criatura, no sigas leyendo.

Hace unos pocos días se filtró, a través del merchandising, el aspecto del dinosaurio híbrido llamado Indominus rex que será uno de los pilares fundamentales de la trama de Jurassic World, la esperada cuarta parte de la saga de Parque Jurásico. Aunque el híbrido es un aspecto de la trama que no me hace especial ilusión, su diseño merece ser comentado.

Pese a ser un híbrido y haber podido tener infinitas licencias para su diseño, se ha optado por un diseño de terópodo clásico, sin detalles muy llamativos en el cráneo pero con algunos muy curiosos en el cuerpo. Ahora que se ha revelado que oficialmente es un híbrido entre un abelisaurio y un carcaradontosaurio (cosillas que ya quedaban muy evidentes en el diseño que se filtró) esta apariencia conservadora queda un poco mejor justificada y personalmente me gusta más.

La primera imagen oficial hecha pública de Indominus rex.

Estábamos hablando del diseño tranquilamente en la Unidad de Paleontología cuando Elena Cuesta,  paleontóloga que estudia el carcaradontosaurio manchego Concavenator corcovatus, se percató de que el diseño incorporaba en los antebrazos una especie de modificación del tegumento filamentosa que no eran unas plumas... ¡Anda! ¡Pero si eran súper parecidas a las hipotéticas estructuras postuladas para Concavenator en la publicación original!

(Para los despistados o recién llegados, en 2010 se publicó en la revista Nature Concavenator y se encontraron unos pequeños bultos en la ulna, que parecían idénticos a los hallados en Velociraptor e identificados como homólogos a los bultos que dejan las plumas remeras en aves, y ello implicaría que Concavenator bien podría haber presentado )

Efectivamente, parece que la hipótesis de estructuras similares a plumas en el antebrazo de algunos terópodos ha llegado hasta Hollywood y se ha empleado en el diseño de una película. Esto, no obstante, es un arma de doble filo (como ya comentaremos más adelante, que no queremos spoilear eso tampoco) pero es una gran noticia que esta hipótesis adquiera tamaña difusión a través de una película con su merchandising y todo.

Segunda imagen oficial hecha pública del Indominus rex, en la que se aprecian sus dientes cocodrilianos.

Pero bueno, hablemos de otros de los rasgos de este "dinosaurio" que podemos apreciar en las imágenes filtradas y la información hecha pública. En la web oficial de Jurassic World se hace hincapié en las escamas engrosadas que presenta en la piel (y que en la web llaman osteodermos, explicando que son escamas engrosadas que tienen un hueso debajo), haciendo mención a que tienen su origen en los abelisaurios.

Bien, efectivamente se conocen impresiones de piel de abelisaurios (concretamente Carnotaurus sastrei) y sí, tienen tubérculos aquillados de 4 a 5 centímetros separados regularmente entre ellos cada 10 centímetros. La única pequeña nota, es que son escamas engrosadas, pero no osteodermos (al menos no se conoce evidencia de que existieran osificaciones dérmicas debajo de estas escalas). No obstante, el cercanamente emparentado Ceratosaurus sí que poseía una fila sagital impar de osteodermos, por lo que su presencia en un abelisaurio no es imposible, pero aún no existe la evidencia que lo demuestre.

Algunos de los rasgos llamativos del Indominus rex. La imagen está modificada del merchandising filtrado.  
Por último (y me he dejado lo malo para el final) están los dientes. En todas las imágenes disponibles del I. rex se aprecia una dentición claramente festoneada, de aspecto totalmente cocodriliano. Aunque sabemos que los cocodrilos son parientes próximos a los dinosaurios, ningún dinosaurio presenta festoneado en los alveolos dentarios (ni siquiera los que se parecen superficialmente a los cocodrilos, como Spinosaurus y parientes), por lo que a menos que en la trama de la película se justifique con DNA de cocodrilo como causa de esta dentición, existe un fallo bastante serio.

No es la primera vez, por cierto, que un diseño oficial de Jurassic Park presenta un terópodo con dentición de cocodrilo. Ya nos quejábamos de ello en este post, acerca del poster de Jurassic Park 3D. Es algo que también se hizo en el King Kong de Peter Jackson, y que desde el punto de vista del diseño tiene mucho sentido: una dentición "desordenada" y con festoneado da un aspecto mucho más monstruoso a su portador. Pero ello va algo en contra de lo que era el espíritu original de Jurassic Park en 1993.

En definitiva: ¿cuál es mi opinión del Indominus rex? Una vez explicados los orígenes de su apariencia (no es un híbrido de raptor, Rex, sepia y demás como se había rumoreado) esta me parece bastante interesante. Si justifican el origen de este animal como un accidente (tenían genomas parciales y tuvieron que hacer el híbrido para crear el dinosaurio, crearon el monstruo y una vez creado lo quieren aprovechar para atraer el turismo) y no como una necesidad (que es lo que el trailer deja entender) me gustaría más. Pero, por el momento, vamos a esperar a que se estrene.

Mientras tanto, podemos disfrutar del segundo trailer/spot, que se estrenó ayer durante la SuperBowl:



Seguiremos informando :)

Entrada también publicada en El Cuaderno de Godzilin

PS: Ya hablaremos más adelante sobre esos 4 dedos del I. rex que se ven claramente en el nuevo spot, pero dejamos una pregunta en el aire: ¿mano primitiva, o dos pulgares?

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Más información: 

  • Bonaparte, J. F., Novas, F. E., & Coria, R. A. (1990). Carnotaurus sastrei Bonaparte, the horned, lightly built carnosaur from the Middle Cretaceous of Patagonia. Contrib. in sci./Natural history nuseum of Los Angeles county.
  • Czerkas, S. A., & Czerkas, S. J. (1997). The integument and life restoration of Carnotaurus. In Dinofest International, Proceedings of the Symposium at Arizona State University (pp. 155-158)
  • Ortega, F., Escaso, F., & Sanz, J. L. (2010). A bizarre, humped Carcharodontosauria (Theropoda) from the Lower Cretaceous of Spain. Nature467(7312), 203-206.

miércoles, 14 de enero de 2015

Reseña de "GIGANTES DEL OCÉANO. UNA AVENTURA PREHISTÓRICA"

Ya que un servidor está entrando de lleno en el mundo de los reptiles marinos, voy a aprovechar para hacer una reseña (que hacía mucho que no caía una por aquí) del que fue uno de los regalos de mi último cumpleaños: el documental de 2007 "Gigantes del Océano: Una Aventura Prehistórica" (o "Sea Monsters: A Prehistoric Adventure" para los angloparlantes). ¿Por qué hacer ahora una crítica de un documental que tiene casi 8 años? Pues porque yo no lo había visto y porque me apetece. ¡Ea!


"Sea Monsters" es una película de 40 minutos de duración producida por National Geographic, rodada en 3D y proyectada en cines en el mismo formato en octubre de 2007. Cuenta la historia de una hembra de Dolychorhynchops, un género de plesiosaurio de cuello corto, cráneo alargado y pequeño tamaño, que habitó en lo que hoy es Kansas a finales del Cretácico. Durante la narración seremos testigos de su vida, desde el momento de su nacimiento hasta el fin de sus días, y descubriremos la enorme diversidad de criaturas que existía en el gran mar interior de Norteamérica: mosasaurios, tiburones, elasmosaurios, peces, moluscos, aves, tortugas... Además, la historia de Dolly la Dolychorhynchops y su familia se alterna con varias recreaciones de distintos descubrimientos paleontológicos, que aportan evidencias científicas sobre lo que se está viendo en la trama de la hembra plesiosaurio.


Vamos a empezar las cosas al revés: ¿tiene "Sea Monsters" cosas malas? Pues sí, las tiene. Quizás lo más gordo es que toda la parte "científica" rompe bastante el ritmo de la narración. Es lógico (y debería decir incluso obligatorio) que en un documental de este tipo exista algo que nos aporte información real, que soporte con evidencias todo lo que vemos en la historia. Pero mientras que en otros documentales funciona a la perfección y es uno de sus puntos fuertes (véase "Planet Dinosaur" de la BBC), aquí chirría. No se me ocurre la forma correcta para hacerlo en el caso que nos ocupa, la verdad, pero lo cierto es que te saca totalmente de la historia.

Luego tenemos otros puntos flacos, pero son fallos menores: por ejemplo, a veces da la sensación de que hay saturación de animales. ¿Sabéis esos dibujos que representan ecosistemas enteros y que incluyen a cada uno de los organismos que los componen? Suelen ser imágenes recargadas y poco realistas, pero que sirven a la perfección para ilustrar toda la biodiversidad de un hábitat concreto. A "Sea Monsters" también le ocurre eso, solo que aquí no es necesario: en un documental que cuenta con 40 minutos para mostrar las faunas marinas del Cretácico de Norteamérica, no hace falta que estén saliendo todo el rato un montón de animales de distintas especies. Resulta poco creíble. Pero pese a todo, como he comentado, no me molesta.

Tampoco me molesta lo inexacto de algunos bichos (principalmente los mosasaurios, pero la película es anterior al descubrimiento de algunos fósiles que nos han ayudado a conocer mejor a estos reptiles, y tampoco son cosas gordas), o que en los primeros planos o en escenas fuera del agua el CGI cante cosa mala (hay un plano de un tiranosáurido que es criminal). ¿Por qué?


Porque, en términos generales, "Sea Monsters" me ha gustado, y me ha gustado mucho. Conocía su existencia, pero nunca me había llamado lo suficiente como para buscarlo. Gran error: este documental me ha sorprendido gratamente. Aunque los gráficos por ordenador se noten demasiado en ciertas tomas, lo cierto es que funcionan bastante bien en general. Resultan, a grandes rasgos, naturales y creíbles: los diseños de los animales y sus movimientos funcionan a la perfección. Tenemos, además, escenas y tomas (perdón por la cursilería) realmente hermosas, apabullantes a nivel visual. "Sea Monsters" es una delicia para la vista. Y la banda sonora es otro gran acierto: delicada, sosegada, tranquila e inusualmente elaborada para un producto de este tipo. La suma de todos estos factores hace que nos encontremos ante un documental bonito y relajante, cuidado y que consigue trasladarte hasta los mares del Cretácico de tal manera que parece que podría haber sido rodado hoy en día con animales de verdad.


Es una pena, pero precisamente por eso molesta la alternancia de estas sobrecogedoras imágenes marinas con las historias sobre excavaciones y descubrimientos, y el hecho de no tener una historia demasiado desarrollada. Hace que 40 minutos parezcan pocos y te quedes con ganas de mucho más. En cualquier caso, no puedo más que recomendar encarecidamente que veáis "Sea Monsters" si todavía no lo habéis hecho. No quiero que parezca que en esta crítica pesan más los puntos negativos que los positivos, porque de verdad que no es así en absoluto: para mí, los defectos que pueda tener este documental no empañan en absoluto la grata experiencia que ha supuesto verlo.

Así pues, dadle una oportunidad. En el peor de los casos, aprenderéis algo sobre reptiles marinos. En el mejor (y espero que así sea) viajaréis hasta el Cretácico y acompañaréis a una hembra de plesiosaurio en un viaje fascinante. 


P.S.- Los Reyes Magos se han portado bien y me han provisto de más paleomaterial didáctico, así que nuevas reseñas caerán antes o después.

miércoles, 7 de enero de 2015

Secundarios carismáticos de Parque Jurásico

Aprovechando que llegó el día de Reyes y que personalmente, siempre relacionaré este día con Parque Jurásico, pues vamos a hablar de la saga. Pero voy a sacar un tema muy poco científico (ni siquiera de lejos), ni tan siquiera sobre dinosaurios: algunos de los secundarios más carismáticos de la saga.

La verdad es que la saga de Parque Jurásico está llena de personajes carismáticos, algunos más que otros. Especialmente, algunos secundarios de la saga tienen algunos momentos memorables que hacen que les cojamos un especial cariño. Bien sea por algunas acciones o por algunas frases.

Sin ningún orden de preferencia le voy a dedicar un momentito a cada uno de estos personajes:

Eddie Carr


Eddie Carr era un personaje con algo más de enjundia en la novela de Michael Crichton. De hecho, en la película Eddie es la fusión de Jack Thorne (el ingeniero detrás de las modificaciones de las caravanas y el Ford Explorer que llevaban en la novela) y su homónimo, que es ayudante de Thorne en el taller.
Aunque se simplificó mucho la personalidad de ambos personajes en su versión cinematográfica, si que dio lugar a unas frases y diálogos memorables:

Ian Malcolm (sobre un teléfono satélite):  Le querré cuando funcione...
Eddie Carr: Funcionará cuando le quieras

Eddie Carr: La violencia y la tecnología... no son buenos amigos.


Eddie Carr: Lo he cargado con el veneno de la Conus purpurascens, la concha de los mares del sur. La neurotoxina más poderosa del mundo, actúa en 2 milésimas de segundo. Más rápido que los impulsos nerviosos. El animal cae antes de sentir el pinchazo.

Ian Malcolm: ¿Hay antídoto?
Eddie Carr: ¿Por qué? ¿Por si te disparas en un pie? No lo hagas... morirías antes de saber que has tenido un accidente...

Udesky

Udesky es un personaje de poca enjundia de Jurassic Park 3, el mercenario (aunque, según él mismo, no se dedica a ello) encargado de organizar el viaje de los Kirby a la Isla Sorna. Udesky no tiene el mismo carisma que Eddie Carr, pero no le cuesta sobresalir entre los estereotipados Kirby, incluso siendo él mismo un personaje bastante estereotipado y poco desarrollado. No obstante, nos obsequia con ciertos momentos cómicos y entrañables, además de ser los pocos que (lamentablemente, en una escena filmada pero cortada de la película, en la foto) se enfrenta a un dinosaurio en lugar de ser simplemente eliminado (ver foto). Podemos recordar grandes frases como:

Paul Kirby:  ¿Qué hacemos
Udesky: Buscaremos a su hijo... en la dirección en que van ellos (refiriéndose a Alan Grant y Billy Brennan, los paleontólogos).

Udesky: Para mí es como si fuera un hotel… de cinco estrellas (al ver el complejo de laboratorios de InGen).




Billy Brennan


Billy es un personaje al que todos los jovenzuelos paleontólogos le tenemos mucho cariño, pues en parte es nuestra "representación" en la saga de Parque Jurásico como estudiantes de posgrado en paleontología. Billy juega un importante papel en la trama de la película, desgraciadamente por algo relacionado con un asunto muy vigente en la actualidad que es la búsqueda de fondos para la investigación.
Billy reúne muchas características tópicas que se supone nos identifica a la gente joven: iniciativa, tenacidad y valentía, pero también inconsciencia y correr riesgos innecesario. Algunas de sus frases memorables:

Billy: Le presento el futuro de la paleontología (sobre la tomografía axial computerizada (TAC) y la impresión en 3D)


Grant: ¿Cómo lo clasificarías, Billy?
Billy: Suchomimus. Por el hocico
Grant: Es algo más grande.
Billy: Baryonyx? (Nota del autor: el día que tocaba terópodos espinosaurios no atendió mucho en clase, Sr. Brennan...)
Grant: ¿Con esa gran vela? Spinosaurus aegyptiacus. 
(Momento paleofriki de JP3, te ataca un dinosaurio y lo primero que te paras a hacer es identificarlo).


Roland Tembo




Roland es un cazador muy talentoso que es contratado por InGen bajo el mando de Peter Ludlow (quien se supone que es el antagonista de El Mundo Perdido). No obstante, pronto eclipsa a Ludlow tanto como líder de la expedición como personaje: Roland es frío, tiene carácter y un código de honor respecto a la caza un tanto estereotipado pero que funciona muy bien en la cinta. Roland quiere abatir un Tyrannosaurus rex macho para obtener el título de "cazador #1", no meramente para obtener un trofeo.
Tiene una escena muy cómica, en la que intenta dirigir la captura de un Pachycephalosaurus y, ante su incapacidad para pronunciar el nombre, le pone el cómico apodo de "fraile" (Fry Tuck en inglés, en referencia a Robin Hood). Luego, tras desistir en pronunciar los nombres, acaba arrojando las fichas de dinosaurios de InGen y apodando "Elvis" al Parasaurolophus.

Roland: Ajay, ve a mi rancho. Mira mi habitación de trofeos y dime qué tipo de presa podría ser de mi interés (Ajay, el compañero de Roland, se limita a sonreir)


Roland: Sera un Paca... Paqui... eeeh... ¡El de la cabeza con la calva! ¡El que parece un fraile!

Roland: Bueno, el rex acaba de comer, así que no nos molestará.
Ian Malcolm: ¿De comer? ¿Se está refiriendo a Eddie? Podría mostrar respeto: nos ha salvado la vida sacrificando la suya.
Roland: Pues se le acabaron los problemas. Opino que los animales no cazan cuando no tienen hambre.
Nick van Owen: Eso solo lo hacen los hombres.
Roland: Aaaaah, nos parte el corazón... ¡Andando! ¡Pongamos en marcha esta feria ambulante!

Roland: He pasado demasiado tiempo en compañía de la muerte.




Dennis Nedry 





Aunque técnicamente es un antagonista y su papel es primordial en la trama de la primera película de Jurassic Park, es uno de los personajes memorables de la película. Para algunos, tanto o más que algunos protagonistas (en los Phenomena que he asistido donde proyectaban Jurassic Park el primero en llevarse aplausos y vítores de la audiencia era Nedry, no Grant o Hammond...).
Y no es para menos. Nedry representa todos los estereotipos de un ingeniero informático obeso, y tal vez por eso nos gusta tanto: obsesionado con la comida, desordenado, codicioso y, como diríamos ahora, friki. Además, su muerte a manos del Dilophosaurus es una de las más memorables de toda la saga, dejando además la linea argumental abierta (la lata de espuma con los embriones enterrada), aunque esta solo se cerraría en un reciente videojuego.

Nedry: No sea tacaño conmigo, Dodgson. Ese fue el error de Hammond.

Nedry: (al Dilophosaurus, tras tirarle un palo como si fuera un perrete) Aaah, no me extraña que os extinguierais. Cuando vuelva a bajar te atropellaré.

Dodgson: No diga mi nombre...
Nedry: ¡¡¡Dodgson, Dodgson!!! ¡¡¡Está aquí!!! ¿Lo ve? No le importa a nadie. Bonito sombrero. ¿Qué quiere?¿Parecer un agente secreto?


Aunque me olvido de algunos grandes como Robert Muldoon o Ray Arnold, personalmente estos son mis favoritos. Cabe recalcar que veo mucho secundario interesante en las dos secuelas, quizá porque los protagonistas de estas (salvo el Dr. Grant y el Dr.  Malcolm) son bastante olvidables, quedando mucho más resaltados los secundarios.

Ahora que se va a estrenar Jurassic World, y sabiendo que Star Lord será el protagonista (y cuyo carisma en el trailer no parece mucho mayor que el del protagonista de Deep Blue Sea, esperemos que en la película el personaje sea más interesante) y Nick de "New Girl" será un secundario de la sala de control... ¿quién tendrá mayor carisma? ¿El protagonista, o el secundario? En Junio lo sabremos...


viernes, 2 de enero de 2015

¿Por qué ser paleontólogo?

Una pregunta que me ha hecho mucha gente a lo largo de muchos años es: "¿Y por qué quieres ser paleontólogo?", seguido de expresiones como "Se más inteligente, como tu «familiar», y estudia «carreras que no mencionaré», que es lo que tiene salida/da dinero". 

Y en efecto parece que es cierto: aguardan muchos años de formación y titulación todavía y de búsqueda de becas/financiación para poder conseguir esa formación. Una suerte de "mendicidad académica", en la que se tendrá que convencer a fundaciones u organismos públicos de que merece la pena ceder unos cuantos excedentes financieros para tal formación. Ahora mismo, gente dos años más joven que yo y titulada en otras ramas gana más de lo que cualquier científico joven que no trabaje para una gran empresa podría aspirar a ganar de aquí a 10 años.

En un mundo tan materialista y consumista como el nuestro, cualquiera que se dedique a algo que requiera más horas de trabajo del estipulado y que no esté muy bien remunerado parece estar algo loco.

Así es la investigación: se paga con más cosas que dinero (de otro modo, no lo haría mucha gente).

Como todos, nací curioso. Muchos dejan de serlo al entrar al colegio, pues el sistema contemporáneo de educación parece tener esa cualidad: destruir el apetito por la curiosidad. Yo no lo perdí. Me convertí en el típico niño repelente que todos sus compañeros ya llamaban "científico" o "loco de la ciencia" (no precisamente como algo positivo para ellos, evidentemente). Estaba muy lejos de ser un científico, pero la divulgación de temas científicos (paleontología, vulcanología, astronomía...) me aportaba unas respuestas que nunca me eran suficientes, pues tras cada respuesta venían muchas más preguntas.

Además, me gustaron siempre de niño los dinosaurios. Desde antes de saber siquiera cómo escribir esa palabra ni ninguna otra. Es de los primeros recuerdos que guardo de mi infancia. Yo y mis muñecos de dinosaurios. Yo y mis libros de dinosaurios. Yo y mis documentales de dinosaurios. Por eso, con cuatro añitos (puede que antes) yo lo tenía claro: si me fascinan los dinosaurios, de mayor sería "experto en dinosaurios" (como le decía a mis profesores en preescolar).

Ser paleontólogo es, para algunos niños, como ser astronauta o futbolista: una profesión de ensueño que desaparece conforme se llega a la adolescencia. Unos pocos sin embargo hemos sido cabezotas hasta el final.

Cuando decidí estudiar una carrera de ciencias no sabía aún que querría ser científico. Solo que me interesaban los dinosaurios, el trabajo de campo en paleontología y los procesos evolutivos. Podría resumirse en 3 preguntas generales: ¿cómo eran los dinosaurios?, ¿qué herramientas puedo usar para estudiar organismos pretéritos? y ¿cómo se transforman los organismos? Y la biología parecía idónea para buscar esas respuestas.

Por supuesto, durante el transcurso de esa carrera terminé aprendiendo muchas otras cosas. Muchos otros grupos de organismos, muchas otras metodologías y aproximaciones a la naturaleza (desde los niveles moleculares a estudiar ecosistemas enteros). Pero el pasado remoto me atraía sobremanera. Quizá porque el mundo que estudian todos los neontólogos (los que estudian organismos contemporáneos) está ahí fuera: no es fácil comprenderlo, pero es muy sencillo aprehenderlo. Todo el mundo puede "estar" en el presente, sentarse en un paisaje, tocar, oler, saborear y contemplar la naturaleza.

Pero el pasado remoto es diferente. Uno no puede captarlo a través de los sentidos como el presente. Podemos leer lo que otros escriben sobre él, sea ciencia o ciencia-ficción, e imaginarlo. Pero no podemos experimentarlo directamente. Y el pasado a muchos nos llama con mucha fuerza.
Y es cuando haces tus primeros pinitos en la investigación, con tus primeros y modestos trabajos originales, cuando te das cuenta por primera vez de que el pasado se transforma, a través del método científico, en algo tangible. Te permite mirar un momento, un organismo concreto y obtener datos reales sobre él. Y es en esos momentos cuando, sin necesidad de un portal del tiempo, has podido ver una parte del pasado por primera vez, antes que ningún otro ser humano.


Diseño de Eduardo Puértolas para la portada del libro de resúmenes del pasado XII EJIP, en la que captura a la perfección  la capacidad de los paleontólogos para "ver" el pasado.

Eso te da la capacidad no para imaginar, sino para ver. Desde las excavaciones, cuando puedes ver antiguos océanos en lugar en que hoy día hay estratos llenos de ammonites, belemmnites y braquiópodos en Guadalajara o sentir que estás paseando por un bosque que está siendo vadeado por gigantescos saurópodos y estegosaurios en el Jurásico Superior de Portugal. O seguir la pista dejada por las huellas a un grupo de dinosaurios terópodos que cruzaban una llanura en el Cretácico Inferior de La Rioja, pues estos rastros permanecen casi idénticos a cuando se dejaron hace más de 100 millones de años.

Una vez en el laboratorio, analizando los restos desarticulados, eres capaz de hacerte por primera vez una imagen de cómo era el organismo en cuestión y comenzar a ver cómo se movía, cómo realizaba sus otras funciones vitales. Lo comparas con otros organismos emparentados y eres capaz de ver los procesos evolutivos que transformaron a sus ancestros en el organismo que tienes delante. Analizas o cotejas tus datos con los de otros organismos de los mismos estratos o el mismo yacimiento y eres capaz de escudriñar cómo eran las relaciones entre los distintos organismos con mayor certeza de lo que eras capaz de hacerlo en campo.

Es la manera más parecida que aún existe de viajar por el tiempo. De viajar al pasado.

Y eso es una sensación que no se paga con dinero.

Por ello, ante la pregunta de ¿por qué paleontólogo? Yo suelo devolver la pregunta en negativa: ¿por qué no paleontólogo?

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Nota: redacté la mayor parte de esta entrada a comienzos del 2013, terminando la carrera y en una situación académica y financiera aún más precaria que en la actualidad. Aunque en esta entrada pueda parecer que el romanticismo me enajena un poco de la cada vez peor situación de la investigación en este país en particular y la gran cantidad de factores negativos del mundo de la investigación en general (aunque estos últimos son los mismos que encontramos en otras disciplinas. Es lo que tiene ser humanos). En cualquier caso, hay que considerar que es más común en todo el mundo vivir de forma precaria que no, elijo la pasión y salud mental + precariedad que ocupación anodina + precariedad.

jueves, 18 de diciembre de 2014

El dinosaurio miedoso que no corría por temor a tropezar

De pequeños todos fuimos bastante más inconscientes que una vez entrada la edad adulta. Al menos la mayoría de mis colegas lo son, y lejos quedan los días de lamer mermelada de una navaja afilada, amarrarse a la rama de un árbol para realizar un brusco giro con una bicicleta o despeñarse cuesta abajo montado en un carrito de supermercado. Bueno, quizá no tan lejos... Pensándolo mejor, los seres humanos somos bastante inconscientes.

Y esto no es para nada exclusivo de los humanos, puesto que ocurre muy a menudo en el reino animal. No quiere esto decir que todos los animales sean suicidas impenitentes que no meditan sus actos dos veces antes de realizarlos, pero si es cierto que muchos animales corren en muchas ocasiones unos riesgos mucho mayores que el posible beneficio de su comportamiento.

A veces los animales cometen actos inconscientes sin que la recompensa del acto supere el riesgo que se corre. 

Es por eso que cuando algunos autores esgrimen el argumento de que los grandes dinosaurios bípedos no podrían correr a mucha velocidad porque una caída podría lastimarlos seriamente a mi me entra un pelín la risa floja.

Por poner en antecedentes a todos: existe un debate relativamente acalorado entre los paleontólogos acerca de las capacidades atléticas de los dinosaurios de mayor tamaño. Algunos defienden unos dinosaurios apenas capaces de desplazar su gran masa (aún quedan reductos de la Edad Oscura de los dinosaurios pre-Dinosaur Renaissance) y otros defienden dinosaurios muy atléticos, de agilidad superior a los mamíferos actuales. Por supuesto, entre ambos extremos existe una gran cantidad de estimaciones de la agilidad de los grandes dinosaurios, aunque por lo general estas tienden más hacia uno de los extremos que hacia el otro y pocas se quedan en el término medio.


Un terópodo abelisaurio de tamaño medio y con unas extremidades anteriores muy reducidas sufre una caída durante la carrera (dibujo por Mark Witton).

Dentro del debate acerca de las capacidades atléticas de los grandes dinosaurios entran las estimaciones de velocidad media y velocidad máxima, de las cuales ya hemos hablado anteriormente en el blog. Uno de los argumentos que utilizan los defensores de los dinosaurios letárgicos es que si un dinosaurio bípedo de grandes dimensiones a la carrera alcanzaba una velocidad suficiente y tropezaba caería con una aceleración suficiente para que la fuerza resultante le causara heridas serias, incluso letales. Esta caída además no podría ser amortiguada por las extremidades delanteras, demasiado cortas para alcanzar el suelo antes que el cráneo.

A priori parece un argumento bastante convincente: un animal no arriesgaría su vida de esa manera tan estúpida. Pero la realidad es que los animales, como comentábamos unos párrafos más arriba, lo hacen mucho más a menudo de lo que pudiera parecer en un principio. Comentemos un par de casos antes de seguir adelante con los dinosaurios:

Algunos mamíferos africanos de largos cuellos y delgadas patitas (las jirafas, vaya) se enzarzan en combates entre ellos con sus cuellos y se lanzan a la carrera al galope con fase aérea (es decir, en algún momento de la marcha ninguno de los miembros toca el suelo) a pesar de que un tropiezo con un cuello tan largo puede suponer una herida verdaderamente seria. Dentro de las aves, las avestruces también pueden tropezar durante sus galopes a gran velocidad sin poder amortiguar la caída. Y sin embargo lo hacen: las avestruces y las jirafas galopan pese al riesgo de caída.


Una jirafa al galope, con fase aérea. 


Otro ejemplo de inconsciencia que encontramos en los mamíferos es en nuestros parientes arborícolas, los gibones. Los gibones son animales con modificaciones en su esqueleto para el desplazamiento por las ramas mediante los brazos (braquiación), tanto que las cortas piernas y largos brazos de estos simios dejan patente que su locomoción por las ramas es menos torpe que el caminar. Pues bien, en sus andaduras por las ramas estos animales realizan saltos entre árboles a decenas de metros de altura, a riesgo de una caída letal y sin tener que estar entre la espada y la pared para realizarlo. ¡Y aún así lo hacen!

Atentos a alguno de los saltos que realiza este gibón. Una caída podría resultar letal.


Existen muchos otros ejemplos de este tipo de comportamientos, pero con estos podemos certificar que algunos individuos de especies diferentes pueden llegar a ser temerarios. Volvamos al mundo de la paleontología y del comportamiento que en pocas ocasiones llega a fosilizar. Estimar la velocidad máxima de un dinosaurio bípedo en base exclusivamente al valor en que la caída sería letal es una aproximación muy limitada.

El dato es sencillo de calcular: suponiendo una altura para el centro de masa del animal con una masa determinada se calcula el producto clásico F = m x a (Fuerza = masa x aceleración). Esta fuerza con la que impacta el dinosaurio contra el suelo será un vector con dos componentes: uno vertical, dependiente de la altura a la que se encuentre el centro de masas cuya aceleración es la fuerza de la gravedad; y otro horizontal, cuya aceleración depende de la velocidad a la que marchara nuestro dinosaurio. Por tanto, la fuerza con la que el dinosaurio golpeé el suelo solamente variará en función de la velocidad a la que se desplace el dinosaurio (el componente horizontal).

La letal caída de un tiranosaurio según Farlow et al. (1995) y cómo calcularla en su componente vertical.

Una vez calculadas las fuerzas de impacto se estima el valor necesario para causar daños severos y letales en los distintos tejidos de un dinosaurio a partir de datos de animales actuales. De esta forma se puede conocer a qué velocidad se tendría que desplazar un animal de masa "x" para sufrir según qué tipo de daños.

Y es un dato potencialmente muy útil. No limita la velocidad máxima de un dinosaurio bípedo (pues como hemos visto, no es imposible que corrieran riesgos), pero sí predice la existencia de patologías asociadas a caídas. Y estas patologías, de ser explicables por una caída y no por otra explicación (algo muy difícil, pero no imposible) nos daría una estupenda estimación de la velocidad a la que el animal corría: si tuvo una caída con una fuerza F suficiente para causar esos daños ello implicaría que el animal caminaba a una velocidad tan alta como para que la aceleración fuera la necesaria para generar esa fuerza.

Porque si tropezó era porque no tenía reparo en desplazarse a esa velocidad.


Sobran las palabras. Una bolita de pelo le calza una zancadilla a un tiranosaurio en el artículo de Farlow et al. (1995). 


En definitiva, esta es una asunción a la que parece que nos lleva el ascetismo científico: que los animales se comportan del modo en que harán correr a sus vidas el menor peligro, que actúan del modo que es energéticamente más eficiente y que nunca se salen de esos esquemas. Algo que es evidentemente falso.

Stephen Jay Gould se pasó la mitad de su vida divulgando acerca de las imperfecciones de la evolución y parece que muchos científicos parecen olvidarlo. La evolución no es una máquina perfeccionista, y con la etología de los organismos no iba a hacer una excepción: la realidad es que los animales se comportan de un modo impredecible en muchos casos. Y del mismo modo que ocurre en la actualidad, ocurriría de manera similar en el pasado.

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Más información: 

James O. Farlow , Matt B. Smith & John M. Robinson (1995) Body mass, bone “strength indicator,” and cursorial potential of Tyrannosaurus rex , Journal of Vertebrate Paleontology, 15:4, 713-725, DOI: 10.1080/02724634.1995.10011257