viernes, 7 de febrero de 2014

Pokémon, Ontogenia y Filogenia

Recuerdo con nostalgia aquellos días de verano cuando tenía entre once y trece años que pasaba, si todo acontecía con normalidad, ignorando los deberes que tenía para aquellas vacaciones de asignaturas que tenía que recuperar en Septiembre y jugando a la Game Boy. Sí, aquella consola portátil con cartuchos como soporte para los juegos y que tantas horas de estudio nos robó a toda una generación. 

En aquella época estaba en un momento de álgida popularidad la saga Pokémon. Si no conocéis de qué va el asunto, se trataba de una especie de realidad alternativa japonesa donde existían unas criaturas llamadas "pokemon" que podían capturarse, entrenarse y usarse en competición (los biólogos diríamos que eran domesticables). El amo del cotarro científico del mundo de los pokémon era el Profesor Oak, una suerte de taxónomo de los pokémon cuyo objetivo era conocer toda la diversidad de pokémon. No obstante, debido a su elevada edad, encargaba a un joven entrenador (el jugador) la tarea de colectarlos todos para su estudio (claramente, Oak era lo que se conoce como un "biólogo de bata", más que de "bota").

No obstante, la tarea era ardua, pues los pokémon no solo se encontraban tal cual en la naturaleza, sino que a lo largo del tiempo y el entrenamiento se producían cambios en sus formas y tamaño de manera muy asombrosa en muchos de ellos. A esto se le llamaba la "evolución" de los pokémon.


La "evolución" (ontogenia) de los tres pokémon iniciales clásicos. En un caso es una ontogenia relativamente normal (Bulbasaur), en otro propone el origen de estructuras tardío, factible (Squirtle) y en otro el origen de apéndices nuevos, algo imposible tanto a nivel evolutivo como ontogenético (Charmander).

Antes de que mis colegas se me echen encima por defender lo correcto del término aplicado al caso, hay que recordar el origen del término "evolución". Este término tiene su origen en la embriología, no en la biología evolutiva y significa, tal cual, "cambio con el tiempo". Los embriólogos siguen empleando correctamente este término durante el desarrollo, pues los organismos sufren transformaciones a lo largo de su ontogenia (por si no conocéis tamaño palabro, ontogenia significa "origen y desarrollo de un organismo", desde el momento de su concepción hasta su muerte). Del mismo modo que los organismos cambian a lo largo de su vida, las secuencias de antecesores y descendientes terminan por ser distintas a lo largo del tiempo y, por tanto, también evolucionan sensu estricto. 

El resto de biólogos no hablamos de "evolución" de un mismo individuo, sino de "cambios ontogenéticos" o "cambios durante la ontogenia". Por ello, estrictamente hablando, los pokémon no "evolucionan", simplemente siguen su secuencia de desarrollo, que en algunos casos entra dentro de lo biológicamente coherente y en otros presenta cambios morfológicos imposibles, como el desarrollo de nuevos planes corporales en animales vertebrados (como sería por ejemplo el cambio que sufre Charmeleon, un tetrápodo (4 miembros) a Charizard, un hexápodo (6 miembros, 4 patas y 2 alas)). 

La secuencia ontogenética de una mariposa presenta una metamorfosis, en la que el organismo pasa de un plan corporal "vermiforme" (con forma de gusano) a un plan corporal de artrópodo insecto, con 3 tagmas bien diferenciados y 3 pares de patas.

Pero dentro del mundo de la biología y los cambios posibles, algunos organismos sufren  a lo largo de su ontogenia algunos cambios morfológicos tan impresionantes que muchas veces han sido clasificados por taxónomos como especies distintas. Y es algo que a mí nunca dejará de fascinarme: cómo un mismo genoma (ADN) es capaz de expresarse en dos organismos morfológicamente tan distintos.

Hay un ejemplo que siempre me ha divertido mucho: el caso de la mariposa y de la oruga. Hoy en día puede parecernos algo natural el pensar "antes de ser una mariposa, esta ha sido una oruga que, al formarse la crisálida se metamorfoseó en una mariposa": el animal comienza su existencia como un gusano y la termina como un insecto. Es algo que se conoce porque el animal está vivo y hemos podido observar todo su desarrollo, desde su nacimiento hasta su muerte. Ahora entremos en el escenario de lo hipotético: supongamos que, por algún casual, todos los insectos holometábolos (aquellos que sufren una metamorfosis como la de las mariposas) se hubieran extinguido y que solamente los pudiéramos conocer a través del registro fósil.

Tendríamos fósiles de huevos, fósiles de organismos vermiformes y fósiles de mariposas. Ahora bien, sabemos que una de las ventajas que tiene el ser holometábolo es que los individuos juveniles y los adultos viven en sitios distintos y explotan recursos diferentes. Esto se traduciría en que los fósiles de muchas formas juveniles y adultas se encontrarían asociadas a ambientes distintos y que, con casi total seguridad, serían originalmente clasificados como especies totalmente distintas y seguramente pertenecientes a grandes grupos biológicos diferentes.

Secuencia ontogenética propuesta para Pachycephalosaurus wynomingensis por Horner & Goodwin (2009). A la izquierda la forma adulta (Pachycephalosaurus), en el centro un subadulto (lo que se conocía como Stygimoloch) y a la derecha un juvenil (lo que se conocía como Dracorex). Bajo esta interpretación, todos estos organismos son la misma especie, en distintas etapas de su vida (adulto, joven e infante, para entendernos "grosso modo").

En el campo de la paleontología de dinosaurios, se ha debatido mucho acerca de si muchos organismos fósiles dentro de la misma formación o el mismo yacimiento representan formas adultas, y por tanto especies distintas, o se trata de una sucesión de juveniles y adultos.

Son bien conocidos los casos de Nanotyrannus y Tyrannosaurus (el primero sería un ejemplar juvenil del segundo), Triceratops y Torosaurus (el primero sería juvenil y el segundo el adulto) y el de Dracorex, Stygimoloch y Pachycephalosaurus (los dos primeros serían juveniles y el tercero un adulto, para más información la foto). 

En el caso de Pachycephalosaurus se trata de una transformación verdaderamente asombrosa, en la que los osteodermos cefálicos se reducen en número y disminuye su longitud (pasan de ser espinas a ser unos pequeños escudos). El crecimiento del gran domo cefálico (ese engrosamiento de la región postorbital) si que parece tener una secuencia de crecimiento más progresiva. De hecho, no se conoce ningún vertebrado vivo que hipertrofie su exoesqueleto (esqueleto dérmico) en su juventud y, al llegar a la adultez, lo atrofie.

Pero la realidad es que no sabemos a ciencia cierta si el que no ocurra en la actualidad significa que no sea posible. Por ello, debemos tomar la hipótesis de Horner y Goodwin como una hipótesis más y seguir acumulando evidencia para su contraste positivo o negativo. Solo así podremos saber si Dracorex "evoluciona" en Pachycephalosaurus como lo hace Charmander hasta Charizard (ontogenia) o si comparten un ancestro común próximo (filogenia).

lunes, 3 de febrero de 2014

Quincena tortuguera

Dejando un poco de lado los dinosaurios, hoy os traemos un par de ilustraciones quelónicas. En enero, en el intervalo de una quincena, se han presentado en sociedad dos nuevas tortugas del Mesozoico ibérico. Y para dichas presentaciones, servidor hizo los correspondientes dibujitos.

La primera de ellas es Hylaeochelys kappa, una nueva especie de tortuga criptodira (el grupo al que pertenecen la mayoría de las tortugas actuales) del Jurásico Superior portugués que fue presentada en el Museo de Torres Vedras. H. kappa, de agua dulce y costumbres nadadoras, que debe su nombre a una criatura mítica japonesa conocida como "kappa" (que, a su vez, debe el suyo a los monjes portugueses ataviados con CAPAS que visitaban Japón en el siglo XVI), tenía un caparazón de medio metro de longitud, de forma redonda y bastante bajo. Se conocía ya otra especie del género Hylaeochelys, del Cretácico Inferior británico, por lo que el descubrimiento de H. kappa retrasa la aparición de este género hasta el Jurásico, y puede indicar que los reptiles europeos de agua dulce aguantaron mejor que los marinos el cambio faunístico que tuvo lugar en la transición Jurásico-Cretácico. Podéis leer más información al respecto en El Cuaderno de Godzillin. 


Reconstrucción del aspecto en vida que pudo tener Hylaeochelys kappa. Se pueden apreciar sus costumbres nadadoras y su característico espaldar, y también se insinúa a través del reflejo del saurópodo el entorno jurásico en que vivió. 

Dos semanas exactas después se presentó en Morella (Castellón) Eodortoka morellana, nuevos género y especie. Eodortoka es también una tortuga de agua dulce, aunque es más pequeña que Hylaeochelys (unos 20 cm de longitud) y data del Cretácico Inferior (unos 125 millones de años). Además, Eodortoka no es una criptodira (como hemos comentado, el grupo al que pertenecen la mayoría de las tortugas actuales: tortugas terrestres, marinas, de caparazón blando y galápagos), sino una pleurodira, un grupo restringido en la actualidad a climas cálidos, y cuya característica más notoria es el giro lateral de la cabeza, en vez de hacia el interior del caparazón (valga de ejemplo esta imagen). Por último, E. morellana presenta una decoración estriada muy característica en los escudos vertebrales del espaldar. De nuevo, más información en Godzillin.

Dos ejemplares de Eodortoka morellana toman el sol por la mañana, mientras un grupo de Iguanodon (cuyos restos también se han encontrado en Morella) caminan entre la neblina. Se puede observar la decoración de los escudos vertebrales del espaldar. 

Puesto que para la segunda ilustración tuve bastante más tiempo que la primera (dos semanas para Eodortoka, dos días para Hylaeochelys XD), estoy obviamente más contento con el resultado, pero creo que ambas cumplen su cometido. Espero que os gusten!

Referencias:

Pérez-García, A., & Ortega, F. A new species of the turtle Hylaeochelys (Eucryptodira) outside its known geographic and stratigraphic ranges of distribution. Comptes Rendus Palevol. 

Pérez-García, A.; Gasulla, J.M.; Ortega, F. 2014. Eodortoka morellana gen. et sp. nov., the first pan-pleurodiran turtle (Dortokidae) defined in the Early Cretaceous of Europe. Cretaceous Research. 

viernes, 24 de enero de 2014

¡Cuidado con los "cuchillas"!

Quizás unos cuantos de vosotros recordaréis Terra Nova, esa serie de televisión producida por Steven Spielberg y emitida entre 2011 y 2012, que narraba las aventuras de una familia que pasaba a formar parte de una colonia asentada en el Cretácico. Las audiencias que obtuvieron no compensaban el gasto de producción (sobre todo decorados y CGI) y eso, unido a tramas flojitas y demasiado "familiares", hicieron que "Terra Nova" no renovara una segunda temporada. Es triste, pero la verdad es que no se la echa de menos.


Al margen de su calidad televisiva, en lo relativo a los dinosaurios también dejaba mucho que desear. Así, en el mismo lugar (América del Norte, suponemos) y la misma época (Cretácico superior), coincidían una serie de dinosaurios que jamás se encontraron en la vida real: braquiosaurios, espinosaurios, anquilosaurios, Triceratops y Carnotaurus pululaban a sus anchas poniendo en peligro la vida de los colonos de Terra Nova. Todo a la vez, todo junto y revuelto; con la excusa de que en realidad ocurría en una Tierra prehistórica alternativa, las mentes pensantes detrás de la serie podían hacer lo que quisieran. 

No contentos con eso, decidieron inventar también unas cuantas criaturas. Así, a las amenazas habituales, se sumaron también gigantescos varanos con velas de piel como las de los clamidosaurios, extrañas formas de pterosaurios (entre ellas uno pequeñajo pero muy violento al que llamaron Malcolmus pterosauri -??-), gallusaurios (clasificados como compsognátidos), ovosaurios (ni idea de qué era esto... posiblemente algún tipo de celurosaurio indeterminado) o un dromeosáurido denominado Nykoraptor. Sin embargo, el premio gordo se lo llevaba un terópodo apodado como "slasher".


Los "slasher" (o "cuchillas", es España) eran unos dinosaurios de lo más raro, una extraña quimera mezcla de varios taxones distintos. Con un par de metros de altura, estos Acceraptor (ése era su nombre científico) eran bastante robustos, con buena parte del cuerpo cubierta de plumas de colores, largas extremidades anteriores y una llamativa cresta en la cabeza. Además, los machos de esta especie presentan al final de la cola una hoja afilada con la que cortaban a sus presas (de ahí su apodo). Ojito con el despropósito. Como si ser un ágil y fuerte terópodo con dientes y garras no fuera lo suficientemente molón. Igual es que los carnívoros que conocemos (tanto dinosaurios como no dinosaurios) nos tienen mal acostumbrados. ¿Cómo se las apañan los leones y los tigres sin una utilísima cuchilla despieza-presas al final de la cola? Qué vergüenza...


Pero, ¿qué clase de terópodo son los Acceraptor? Porque, sinceramente, yo no tengo ni idea. Omitamos la cola que acuchilla (eso no hay por dónde cogerlo). Pese a su tamaño mediano, esos brazos y manos tan de manirraptor (aunque en la errónea posición pronada), ese comportamiento gregario (que ya sabemos que se suele asociar, con mayor o menos éxito a los llamados "raptores") y la terminación "raptor" en su nombre científico, los "cuchillas" no son dromeosáuridos. Esa cabeza y esa constitución tan robusta, esa cola flexible, esa ausencia de plumas bien desarrolladas en las extremidades anteriores y sobre todo la ausencia de la famosa garra curvada en el dedo II de cada pie (pese a lo que veáis en el póster de arriba) lo descartan completamente. ¿Algo parecido a Oviraptor, pues? Tampoco: salvo las extremidades anteriores, poco más tiene de ovirraptorosaurio que esa cresta... ¿Y entonces?

"Qué lista eres..."

Ese cráneo relativamente macizo a mí me recuerda al de algunos ceratosaurios basales, aunque esos brazos tan largos, y esa cresta... ¿Quizás algo similar a Monolophosaurus? ¿O si no una versión algo vigoréxica de los extraños proceratosaurios, como Guanlong o Kileskus? Yo, al menos, soy incapaz de llegar más allá. Con la cantidad de terópodos interesantes y visualmente diferentes a los que nos tienen acostumbrados las grandes superproducciones (es decir, tiranosaurios, "raptores" y como mucho espinosaurios), el equipo creativo de la serie decidió tirar de inventiva, y sacarse de la manga algo tan descabellado como estos animalejos. ¿Sabéis lo peor de todo? Que esta serie, producida por Spielberg, tenía un asesor científico en dinos. Sí, el mismo asesor paleontológico que las películas de Parque Jurásico, y aún así dio luz verde a esto. Pero claro, poderoso caballero es Don Dinero, y supongo que los pollosaurios no se financian solos... ejem, ejem...

Cutre comparación (porque mira que ha quedado cutre): a la izquierda, una representación de un Acceraptor (es imposible encontrar fotogramas de buena calidad de la serie de estos animalejos) por Vitor da Silva; a la derecha arriba, una cabeza de Monolophosaurus (sacada de Pangaea Designs); a la derecha abajo, Kileskus, por Andrey Atuchin).

Ahora os paso la pelota a vosotros: ¿tenéis la más mínima idea sobre qué podrían ser estos dinosaurios monstruosos?

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Todos los caminos llevan.... a ninguna parte

Bueno, he tenido la suerte de poder ver hoy mismo en el cine "Caminando entre Dinosaurios", pero de momento mi opinión me la voy a guardar (no sé si Dani querrá hacer una reseña en condiciones cuando la vea, pero por si acaso es así yo guardo silencio). Solo mencionaré que el tono de la película no es posiblemente el más adecuado y que, eliminando las narraciones y los diálogos, podría haber quedado un documental sobre dinosaurios de hora y media muy chulo.

Pero como he dicho, no voy a hablar de la peli. Hoy estoy aquí para quejarme un poco. Para quejarme, en concreto, de la falta de imaginación a la hora de abordar proyectos de este estilo. ¿Por qué cada película con dinosaurios como protagonistas trata sobre migraciones y catástrofes que obligan a emprender largos viajes? Hace poco, a raíz de este tema, surgió en Twitter una conversación entre varios dino-perturbados que demandábamos historias más originales. Si hicieron Hamlet con animales (El Rey León), ¿por qué no con dinosaurios? Dromeo y Julietáurida, una historia de amor imposible entre un dromeosaurio y un saurópodo, fue el punto álgido de este ciber-desvarío. 

Pero nunca hay cosas así en las pelis de dinosaurios. Solo horas de animales caminando y como mucho haciendo piña contra un terópodo malvado que se quiere comer a los protagonistas. La tónica de En Busca del Valle Encantado, Dinosaurio (de Disney), el documental March of the Dinosaurs y la película de Caminando entre Dinosaurios es muy parecida. Antes o después en esa búsqueda de la tierra prometida, unos y otros, por narices, terminarían encontrándose... en medio de ninguna parte.


¡Felices Fiestas a todos!

viernes, 13 de diciembre de 2013

Dos gallos en el gallinero

Si pensabas que hacía falta una compleja estructura ósea para lucir una bonita cresta en tu cabeza de hadrosaurio estás completamente equivocado: se acaban de publicar nuevos restos del dinosaurio Edmontosaurus regalis encontrados en Alberta, Canadá. Y la sorpresa de los autores fue mayúscula cuando se dieron cuenta de que se había preservado lo que parecía una cresta de tejido blando en el cráneo del animal (en varios lados se añade la coletilla "similar a la de los gallos"). Puesto que dicha cresta no parece estar sustentada por ningún tipo de hueso, los autores proponen una función visual para esta estructura. Podéis leer un poquito más aquí, por ejemplo. 

La referencia es la siguiente: 

Bell, P.R.; Fanti, F.; Currie, P.J.; Arbour, V.M. 2013. A Mummified Duck-Billed Dinosaur with a Soft-Tissue Cock's Comb. Current Biology.


Sin embargo, este ejemplar de edmontosaurio no es el primer dinosaurio que luce una bonita cresta de tejido blando...


... ¿alguien ha dicho Pelecanimimus?

-(idea original por el compañero Dani)-

martes, 10 de diciembre de 2013

Aprende con Primeval: Pristichampsus

Ya comentamos al final de nuestra primera entrada de "Aprende con Primeval" que en la serie no siempre se han hecho las cosas tan bien (dentro de lo que cabe) como en el caso del Pteranodon. Que, de hecho, algunos animales representados eran un auténtico despropósito, modificando su apariencia y su comportamiento en función de la historia de turno. El organismo del que hablaremos hoy, Pristichampsus, encaja a la perfección en esta desafortunada categoría.

Cráneo de Pristichampsus (imagen de Wikipedia).

Pristichampsus es un cocodrilo que vivió hace unos 40 millones de años (Paleoceno-Eoceno), y cuyos restos se han encontrado en diversas partes del mundo (Norteamérica, Europa y Asia). Este género de cocodrilos engloba a dos o tres especies, aunque la filogenia de los pristicámpsidos no está demasiado clara (no debe de haber demasiados restos o no debe de saberse demasiado sobre ellos -corregidme si me equivoco-), y es habitual que algunas especies bailen entre unos géneros y otros. 

Aunque se sitúa a Pristichampsidae como grupo hermano de Brevirostres (el clado compuesto por cocodrilos y caimanes actuales), lo cierto es que Pristichampsus poco tenía que ver con estos últimos. Con 3 metros de longitud, este animal tenía largas extremidades que sugieren un desplazamiento cursorial (es decir, adaptado para correr). Además, sus uñas se asemejaban a pezuñas, lo que parece indicar que era un animal mucho más terrestre que acuático. De hecho, se cree que sería capaz de adoptar una postura bípeda durante la carrera. Por otro lado, la cola de Pristichampsus era redondeada, más similar a la de los dinosaurios; aunque habría presentado osteodermos cubriendo su cuerpo, carecía de la típica cresta de osteodermos que tienen los cocodrilos actuales. 

Una de las reconstrucciones más emblemáticas de Pristichampsus, por Robert Bakker.

Sin embargo, el Pristichampsus de Primeval no tiene demasiado que ver con el Pristichampsus original. En la serie, la anomalía del Eoceno por la que salen estos cocodrilos no conecta solo con el Londres actual, sino también con el antiguo Egipto. Allí, los egipcios que los veían los confundían con Ammyt (o Ammut), una divinidad con cabeza de cocodrilo que devoraba las almas de aquellos difuntos que no eran considerados justos y merecedores de alcanzar la inmortalidad. Jugando con esta idea, en Primeval le dieron una imagen más antropomorfa, con largos brazos de aspecto humanoide (¡esos hombros, oiga!) y andando sobre las patas traseras con relativa facilidad. Por supuesto, también lo diseñaron algo más grande de lo que correspondía.

El Pristichampsus de Primeval, en una imagen promocional de la tercera temporada. 

No solo el torso y las extremidades anteriores chirrían: las patas traseras, aunque alargadas y adaptadas a la carrera, no habrían tenido ese aspecto dinosauriano. La cola, sin embargo, que si debería haber sido más parecida a la de nuestros amigos los dinosaurios, tiene un aspecto cocodriliano al cien por cien. Y siguiendo con el tema de los dinosaurios... En un momento concreto del capítulo, los protagonistas se encuentran un diente del Pristichampsus y afirman categóricamente: "Es un diente de cocodrilo". Sin embargo, los dientes de este animal son zifodontos, es decir, comprimidos lateralmente y aserrados, lo que llevó en su momento a que algunos paleontólogos los confundieran con dientes de dinosaurios terópodos y creyeran que algunos habían sobrevivido a la extinción del Cretácico. Esto significa que esos claros dientes de cocodrilo que ven los personajes en realidad no son tal. Podemos seguir con algunos fallos más: patas membranosas y con garras en lugar de pezuñas, piel rugosa en lugar de escamosa... La cabeza en general puede dar el pego, pero la boca a veces se abre de una forma un poco rara, y a mí suele darme la sensación de que faltan dientes.

Un par de fotogramas de la serie, en los que vemos al Pristichampsus entrando en las aguas frías del Támesis. Pueden apreciarse los errores más gordos: aunque las extremidades son bastante largas, las anteriores tienen un aire humanoide, y las posteriores se asemejan a las de los dinosaurios. Además, también se aprecia una cola claramente cocodriliana.  

A nivel etológico, este Pristichampsus también tiene bastante que mejorar. Aunque durante buena parte del episodio se nos muestra como un animal principalmente terrestre, hay un momento en el que no duda en meterse en el Támesis, y allí se mueve como pez en el agua (nunca mejor dicho), nadando con una soltura que no creo que tuviera el animal real, adaptado como estaba a la vida en tierra firme. Afortunadamente, al menos el cocodrilo no pasa demasiado tiempo en el río londinenese: es demasiado frío para el clima al que está acostumbrado. También hemos comentado ya que Pristichampsus era un animal corredor (algo que, por cierto, no hace una sola vez en los 40 minutos del capítulo) que sólo podría adoptar la postura bípeda en la carrera. Aquí, sin embargo, es bastante frecuente verlo sobre sus dos patas, andando totalmente erguido y confiado. 

Y por supuesto, lleva a cabo el habitual papel de monstruo en este tipo de series y películas: causando el caos a su paso, abollando coches, atacando y matando gente (sin necesidad de comérsela después), rugiendo... Lo normal en estos casos, vamos. El único comportamiento no agresivo de este cocodrilo en Primeval resulta igualmente insólito: acostumbrado a la veneración de los antiguos egipcios, quienes lo tomaban por un dios, el Pristichampsus decide volver a la anomalía y no atacar a los protagonistas cuando estos se postran ante él. Es uno de esos momentos típicos Primeval, que te hacen mirar con incredulidad la pantalla y preguntarte por qué sigues viendo la serie. Imaginativo es, desde luego, pero vamos... 

Para terminar, el animal ni siquiera está especialmente bien animado o integrado en el fondo. Es una pena, porque es una criatura de la que se podría haber sacado mucho más, incluso jugando con el tema del antiguo Egipto y Ammyt. Qué se le va a hacer, en Dinosaur Renaissance amamos Primeval con todos y cada uno de sus puntos flojos. Hay gente pa tó, que decía aquel.

P.D.- Recientemente hemos descubierto una serie de vídeos llamados "The Real Creatures of Primeval", en los que el paleontólogo Luis Chiappe, director del Dinosaur Institute (del Natural History Museum of Los Angeles), da un repasillo a algunos de los animales del programa de manera similar a la de este blog (en su defensa: sus vídeos son anteriores a esta sección; en nuestra defensa: pretendemos llevar esta sección hasta el final, con tooooodas las criaturas que aparecen en Primeval y Primeval New World). Os dejamos a continuación el vídeo que hicieron sobre Pristichampsus, para que veáis un poquito más de este cocodrilo.



lunes, 2 de diciembre de 2013

Feliz 100 años, Dippy madrileño

El 2 de Diciembre, pero hace 100 años, se presentaba en sociedad en Madrid, en el Museo Nacional de Ciencias Naturales la réplica del esqueleto de Diplodocus conocida como "Dippy". Este esqueleto, emblemático dónde los haya, fue regalado por Andrew Carnegie (filántropo americano que financió su excavación y replicado) a varias instituciones científicas europeas, entre ellas el MNCN.

Hoy se inauguraba en el museo una exposición temporal en torno a este dinosaurio, y los autores del blog no podíamos faltar al evento. Allí estuvimos esta mañana con El Pakozoico nuestros compañeros del MNCN y del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED.

Se ha programado también un ciclo de conferencias, relacionadas con Dippy, que comienza esta misma tarde con la conferencia "Dinosaurios y otros reptiles antediluvianos de la España anterior a la Guerra Civil: la importancia de la prensa escrita", a cargo del Dr. Adán Pérez-García del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED y la Universidad Complutense de Madrid.

¡Nos vemos en las conferencias!

¡Feliz cumpleaños, Dippy!

Foto de familia con gente del MNCN, UNED y UAM. Destacados los autores del blog (Carlosdino en azul y un servidor en naranja). Fotografía by Pedro Mocho.