martes, 6 de mayo de 2014

Deinocheirus... ¡qué raro eres hijo mío!

Cuando mi madre me veía salir a la calle, en mis años adolescentes, vestido de rockero con melena rizada al viento, un libro de dinosaurios bajo el brazo y llevando chaquetas militares me decía: "qué raro eres, hijo mío". Efectivamente, daba la apariencia de ser un empollón de ciencias que quería pasar por rockero y además usaba ropa de quienes se supone son los más disciplinados de todos.

Por eso, por haber sido siempre un chico raro, siento mucha cercanía con Deinocheirus. Este dinosaurio fue conocido durante más de cuarenta años exclusivamente por las enormes manos que le dan el nombre (significa, literalmente, mano terrible). Estas manos, de tamaño gigantesco, nos decían mucho acerca de este dinosaurio: era bípedo (es un organismo con dedos prénsiles, con un radio que no permitía rotar el antebrazo para colocar la palma de la mano paralela al suelo...) y además pertenecía a un grupo concreto de dinosaurios: era un ornitomimosaurio.


Estos brazos es lo único que se conocía de Deinocheirus hasta como quien dice, anteayer.

Los ornitomimosaurios son los llamados "dinosaurios avestruz" debido a su parecido superficial con estas aves (su parentesco es mucho más lejano). Se sabía que Deinocheirus pertenecía a este linaje debido, entre otros, a que los metacarpos (los huesos de la palma de la mano) son de longitud subigual solamente en ornitomimosaurios y el enigmático animal de brazos gigantescos lo presentaba. Los dinosaurios de este tipo mejor conocidos en Asia eran el Anserimimus y el Gallimimus, y en base a estos parientes se reconstruía la apariencia de este enigma de manos gigantes.

Este era el aspecto con el que hasta hace poco menos de un año se reconstruía a Deinocheirus.

Pero saltemos a finales del 2013. En el encuentro anual de la Sociedad de Paleontólogos de Vertebrados (SVP) en Los Angeles se presentó, en una comunicación oral, nuevos restos atribuibles a Deinocheirus. Estos restos permitían conocer mucho mejor la anatomía de este enigma, y resultó que su apariencia era mucho más enigmática de lo que ya mostraban sus gigantescas manos.
Como ya hablamos aquí, el animal tenía las espinas neurales de las últimas vértebras dorsales (las inmediatamente anteriores a la pelvis) muy elongadas, de forma similar (pero no igual) a como las presenta nuestro patrio Concavenator.

Hasta ahí ya lo sabíamos... pero ayer por la tarde me topo con esta noticia que ha circulado por Twitter de la vuelta de restos de Deinocheirus desde el Royal Belgian Institute of Natural Sciences a Ulan Bator, Mongolia (país al que pertenecen). Entre estos restos se encuentra un cráneo tan enigmático como lo eran sus vertebras dorsales y sus brazos.

Reconstrucción de Victor Silva con la información de la que se dispuso en Noviembre de 2013.

Este cráneo es alargado, edentado (sin dientes) y muy comprimido lateralmente como es la norma de los ornitomimosaurios. No obstante, en su extremo más anterior se produce una expansión hacia los márgenes laterales. Esto le confiere el aspecto del pico de un pato, más propio de los dinosaurios hadrosaurios (pertenecientes al otro gran grupo de dinosaurios, los ornitisquios) que de un ornitomimosaurio.


Arriba: a la derecha el cráneo de Deinocheirus, donde se aprecia el "pico de pato" en la punta del hocico.
Abajo: El mismo cráneo, con unos cuantos individuos de Homo sapiens como escala.

¿Cómo podemos interpretar estos parecidos? En biología evolutiva se habla de convergencia para explicar los casos en que linajes lejanamente emparentados (o en absoluto emparentados) desarrollan estructuras morfológicas similares. Estas estructuras suelen estar relacionadas con funciones similares, pero existen casos en los que estructuras virtualmente idénticas sirven a organismos muy diferentes a propósitos totalmente diferentes. En el caso del "pico de pato", es más que probable que sea algo relacionado con los hábitos tróficos de este dinosaurio, que pudiera ser convergente con el de los dinosaurios de pico de pato.

Con estos hallazgos cada día estamos más cerca de comprender cómo era Deinocheirus. Parece casi una receta de bruja de cuento: toma un ornitomimosaurio, hazle gigantesco (especialmente sus brazos), mézclalo con un poco de espinosaurio para que tenga una joroba en la espalda y añádele un pico de pato de hadrosaurio para rematar esta bonita quimera.

Parece como si Son Goku os hubiera enseñado la técnica de la fusión para crear el Deinocheirus. Dibujo cortesía del gran Carlos de Miguel.

Deinocheirus... ¡qué rarito eres y qué maravilloso al mismo tiempo! Eres el ejemplo de las maravillas que nos depara siempre el buscar en el registro fósil.

6 comentarios:

Miguel Angel Amorín Fernández dijo...

Vaya, precisamente venía a comentar la noticia pero veo que ya estabais al loro.

Y por las demoras de última hora durante el EJIP y posterior entrada en el blog, no os aflijáis por ello: esa es una historia que personalmente me suena muchísimo (aunque a menudo, yo mismo me lo busco) . ;)

Miguel Angel Amorín Fernández dijo...

Por cierto, que repasando la noticia me acabo de dar cuenta de la reconstrucción esquelética que se ve al fondo en una de las fotografías. La "vela" (ó joroba) es más grande de lo que me había imaginado.

http://www.infomongolia.com/ct/ci/7787

Carlosdino dijo...

Sip, a nosostros eso nos lo había dicho una amiga que estuvo en la SVP, que la reconstrucción e imágenes que habían enseñado lo mostraban con la joroba todavía más alta y más gordote... que parecía un camello. Y ahora esto. Es para flipar.

Y quieres todavía más? Calentito calentito, un nuevo tiranosaurio también raaaaro raaaaro http://www.agenciasinc.es/Noticias/Pinocho-rex-una-nueva-especie-de-tiranosaurio-de-hocico-largo

Miguel Angel Amorín Fernández dijo...

Gracias por la noticia, Carlos.

Sí, muy curioso el nuevo tiranosaurio. A pesar de que no cae tan de sorpresa contando con el precedente de Alioramus (de todos modos este nuevo género parece tener el hocico aún más exagerado; mejor espero a tener imágenes del cráneo para comparar).

De hecho, leí que tal vez pudiera considerarse perteneciente a Alioramus, a pesar de que al final decidieran crear con él un nuevo género.

Supondo que algunos como Gregory S. Paul optarían por lo primero.

Miguel Angel Amorín Fernández dijo...

...y Andrea Cau también, por lo que veo:

http://theropoda.blogspot.com.es/2014/05/alioramus-qianzhousaurus-sinensis.html?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed:+blogspot/aJKG+%28Theropoda%29

rickraptor dijo...

El problema es que hay muy poca ciencia a la hora de decidir si dos ejemplares con diferencias sutiles presentan diferencias intra específica, si son especies distintas del mismo género o si son géneros diferentes.

La tendencia decimonónica era establecer géneros distintos. En el siglo XX parece que lo que estuvo de moda fue hacer muchísimas especies dentro de los mismos géneros y ahora la tendencia es a interpretar variabilidades tan grandes como la existente entre Dracorex y Pachycephalosaurus como variabilidad intraespecífica, en este caso ontogenética.

La variabilidad intraespecífica es muy importante a la hora de interpretar los hallazgos, pero a la hora de la verdad es el investigador (o investigadores) el que decide si las diferencias son o no suficientes para establecer una especie nueva o un género nuevo. En este caso yo opino (recalco lo de opino) que, por ley del punto gordo, si Triceratops y Torosaurus son la misma especie, Qianzhousaurus y Alioramus podrían ser perfectamente especies congenéricas.

Además, que narices, Alioramus es muy facilito de pronunciar y el otro hay que pensarlo dos veces antes de pronunciarlo.